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Monumento víctimas del 2 de mayo
Este monumento fue uno de los pocos aprobados en el trienio liberal de Fernando VII (1820-1823) que llegó a realizarse, quizá por su significado de lucha contra el ejército invasor de Napoleón. Este tipo de monumentos ya habían sido realizados anteriormente en España, pero como obras de arquitectura efímera. Fues en las Cortes de Cádiz de 1812 cuando se aprobó como obra permanente, y se ratificó en Madrid en 1814, señalándose en el artículo segundo como "en el terreno donde actualmente yacen las víctimas del dos de mayo, contiguo al salón del Prado, se cierre con verjas y árboles y en su centro se levante una sencilla pirámide que trasmita a la posteridad la memoria de los leales y tomase el nombre de campo de la lealtad". Pero ese año no pudo realizarse por la suspensión de la Constitución, por lo que tuvo que esperar a que los constitucionales subiesen al poder en 1820, y en 1821 se pidiese a Antonio López Aguado, arquitecto mayor de Madrid, que elaborase "diseños de la pirámide y obelisco" que debía colocarse en el Salón del Prado según la constitución de 1814.
Finalmente , a pesar de haber sido pedida a López Aguado, la obra se sacó a concurso público ese mismo año dándose libertad para su invención. El ganador fue Isidro González Velázquez con un diseño de obelisco, a pesar de haber sido presentado fuera del plazo, aprovechando uno de los bocetos que realizó en 1819 para el catafalco de Isabel de Braganza. El mismo autor explicaba en una carta que acompañaba a sus proyectos que el obelisco podía ser un símbolo funerario a la vez que triunfal. Esto era muy importante en relación con el lugar que el monumento iba a ocupar.
El lugar era el mismo en el que se habían producido los acontecimientos pero si la obra quería entenderse como monumento funerario, no podía estar en un lugar tan bullicioso como el Paseo del Prado, sino apartado de éste. Sin embargo como exaltación del valor del pueblo madrileño tenía que poder ser visto por todos.
Eligiéndose, como puede verse hoy en día, el segundo argumento, se entendió la obra como un monumento didáctico o, más exactamente, ejemplificador de la actitud patriótica de Madrid, totalmente ajena a ningún contenido político que pudiera provocar intervenciones posteriores por desavenencias ideológicas.
De las esculturas alegóricas se encargó Estaban de Agredo, aunque las terminaron José Tomás, Francisco Pérez Valle, Sabino Medina y Elías Vallejo, en unos 20 años. La inauguración se realizó en 1840. La Plaza de la Lealtad fue el primer espacio definido en el nuevo barrio de los Jerónimos que, aunque para algunos no tenga continuidad con el Paseo del Prado, recuerda en varios aspectos al proyecto de Ventura Rodríguez de realizar un pórtico semicircular en este lado del Paseo.
Texto extraido de
http://www.ucm.es/info/hcontemp/madrid/paseo%20prado.htm