La Posada del León de Oro

La Gatera de la Villa ha tenido la oportunidad de visitar este magnífico establecimiento que, recientemente, ha vuelto a abrir sus puertas en el castizo Madrid de las Cavas, en un entorno urbano tan sugerente y madrileño como es el integrado en sus inmediaciones por calles como las de Toledo, Segovia, Nuncio, Almendro, etc., y plazas y plazuelas, imprescindibles como la Plaza Mayor, o recoletas y bastante desconocidas como la del Humilladero, San Andrés, Puerta de Moros o Puerta Cerrada. En este ámbito antañón e histórico, pero también popular, la Cava Baja resalta en la actualidad como uno de los ejes vertebradores clásicos de la hostelería de Madrid. La decidida renovación que han experimentado en estos últimos años las tradicionales posadas y tabernas y la consiguiente “puesta al día” de sus instalaciones y ofertas gastronómicas y de ocio, no han conseguido desvirtuar el aspecto tradicional de la calle. Como decía el gran cronista madrileño Pedro de Répide (1882-1948): “El tráfago campesino metido en la ciudad lleva y absorbe la vida de esta vía, que tiene el aspecto de la calle Mayor de un pueblo grande de Castilla, y es, sin embargo, tan madrileña que, si faltara, no les parecería que habían llegado a Madrid a los arrieros y labrantines que entran en la corte por la vieja y famosa puente segoviana (1)”.

Esta sabrosa descripción sigue vigente actualmente, aunque el trasiego continuo de gentes que transitan por la vía ya no se componga de arrieros y labrantines, sino de grupos de turistas nacionales y extranjeros, y madrileños que encuentran en esta arteria la alegría y los alicientes gastronómicos y lúdicos que han contribuido a la resurrección decidida de una calle que hasta no hace muchos años languidecía en cierta manera.

1. Una calle madrileña singular

Sin embargo, no deja de sorprender el origen urbano de esta pintoresca calle. Su trazado curvo, que discurre de este a noroeste entre las plazas del Humilladero y de Puerta Cerrada ya nos da una pista sobre el mismo; pista que se acentúa ante los topónimos que la delimitan: Puerta Cerrada… Puerta de Moros –ésta aledaña a la plaza del Humilladero. Efectivamente, son puertas de acceso a la antigua villa castellana, y la Cava Baja el sector exterior que era delimitado por la vetusta muralla medieval. Si nos atenemos a la etimología la certeza se confirma absolutamente. “Cava”, término castellano que tiene la misma configuración morfológica que su germen latino, y es sinónimo de “zanja”, “cueva”, “mina”. Utilizado este término en la Edad Media en relación a las estructuras fortificadas defensivas tan comunes en la época, se circunscribía su uso a la denominación del foso que antecedía a las murallas. Que eso fue en el medievo madrileño la Cava Baja; foso de la muralla que construyeron los castellanos tras la reconquista de la ciudad a los musulmanes a partir de la segunda mitad del siglo XII. El alejamiento, con los años del frente de batalla frente a los reinos de taifas, e imperios almorávide y almohade, hizo que la muralla fuera perdiendo su utilidad defensiva. Y, a partir del siglo XV, con la expansión urbanística de la ciudad, la muralla comenzó a ser utilizada como muro de carga para que los vecinos edificasen sus viviendas; primero por su cara interior, y posteriormente, ya en el siglo XVI por su cara exterior. El foso o “cava” sería colmatado y, posteriormente, empedrado, convirtiéndose su trazado en la calle que actualmente podemos pasear. La maltratada y olvidada muralla, no obstante no ha desaparecido totalmente; y en estos últimos años, sucesivas reformas en los viejos inmuebles que conforman esta vía, o su demolición para ser sustituido por flamantes construcciones, han deparado la agradable sorpresa del descubrimiento de restos de la misma; e incluso de lienzos de considerable altura y longitud, junto con cimentaciones de varios torreones. Varios de estos testimonios de la muralla medieval “fosilizados” en el entorno urbano actual, han sido consolidados, siendo algunos de ellos visitables en los patios de vecinos de algunos edificios de viviendas. Y en este extremo, también la Posada del León de Oro tiene algo que aportar.

2. Una posada renovada

La Cava Baja, ya desde los siglos XVI y XVII, vio aparecer las primeras tabernas y posadas, que la han caracterizado plenamente hasta los años 50 y 60 del siglo XX. Quizá fuera en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX cuando alcanzaran sus mayores niveles de actividad. Los campesinos, agricultores y tratantes de ganado de los pueblos de la periferia de Madrid, Toledo, Guadalajara y provincias limítrofes, acudían a la Villa y Corte a realizar sus negocios; al mercado del Paseo de los Pontones a vender sus caballerías, y que aún se celebraba en los años de la Dictadura del general Primo de Rivera. Los agricultores de los pueblos de la carretera de Extremadura también se alojaban por unos días en estas posadas, y el tráfico renqueante de carretas y galeras era intenso en la estrecha calle, que vio, cómo en el primer tercio del siglo XX ese tránsito ruidoso de traqueteantes y rústicos carruajes se veía incrementado por la aparición de los primeros automóviles y camionetas, con el añadido de los humos contaminantes

Entre las posadas históricas que aún podemos contemplar, algunas sin uso o en fase de recuperación se encuentran la Posada de San Isidro, la de la Villa, la del Dragón, en fase avanzada de rehabilitación y la que nos ocupa en este reportaje, La Posada del León de Oro.

Lo primero que llama nuestra atención es su fachada, levemente resaltada de la línea de calle, evidencia de su antigüedad, al no haber sido demolida para ser retranqueada como las fincas colindantes. Su fachada revocada en suave tonalidad amarilla es característicamente dieciochesca, simétrica y centrada por una portada adintelada de sillares de granito, que se encuentra culminada por un blasón heráldico de estilo rococó que muestra una división en dos cuarteles, el superior ocupado con una cruz patada, y el inferior con un pendón cuatribarrado; el remate del escudo lo ocupa una corona.

Este motivo heráldico parece coincidente con el que caracteriza a la orden de la Merced. No era infrecuente a lo largo de la Edad Moderna, y sobre todo entre los siglos XVI al XVIII, que distintas órdenes religiosas fundaran establecimientos de beneficencia bajo su patronazgo, como hospitales y hospicios donde ejercían labores filantrópicas de misericordia; como asimismo, otros en los que podían obtener algún beneficio económico, como hostales y posadas. Todos ellos irían ornados con el escudo de la orden. Y no debemos olvidar que en las proximidades de la Cava Baja se ubicaba un importante convento mercedario, demolido a raíz de las leyes desamortizadoras de la primera mitad del siglo XIX; en concreto el que ocupaba el solar de la actual plaza de Tirso de Molina, cuyo nombre recuerda a uno de nuestros más ilustres escritores del Siglo de Oro español del XVII, conocido en religión como Fray Gabriel Téllez. ¿Era patrocinada la Posada del León de Oro en su fundación por este desaparecido Convento de la Merced? No hemos logrado desentrañar esta incógnita.

La finca muestra a nivel de calle tres alturas sobre rasante, centrando la portada una composición simétrica, con ventanas en la planta baja y balcones en las dos superiores. Estos balcones muestran los herrajes tan característicos y sencillos de barrotes cilíndricos anillados que estuvieron vigentes desde el siglo XVII hasta el primer tercio del siglo XIX. Los huecos de los balcones están enmarcados por una moldura lisa pintada de blanco, exhibiendo en sus dinteles un ornamento introducido con motivo de la rehabilitación, consistente en una pequeña cabeza de león flanqueado por dos elementos vegetalizados a modo de alas.

Traspasada la puerta de acceso, y rebasado el vestíbulo donde se ha instalado el bar, llegamos hasta el pequeño pero elevado patio de galerías de madera, de pies derechos que apoyan en zapatas, donde va a tener lugar la entrevista que amablemente nos ha concedido el gerente del establecimiento o, como él gusta denominarse, Posadero, D. Óscar Lucas

3. Entrevista

Pregunta: ¿Cómo se inicia el proyecto de la renovada “Posada del León de Oro?

Respuesta: la posada del León de Oro perteneció a la familia Sanz Montero desde hace cinco generaciones. En el año 2001 cierra sus puertas a los clientes porque el negocio ya no era tan fructífero como antes, pensando la familia que era el momento de iniciar un proceso de renovación, el cual se materializa en el mismo año, comenzándose por la solicitud de licencias, y la excavación de la muralla cristiana descubierta. Posteriormente, el proyecto ha estado parado hasta que en el 2006 se volvió a reactivar, y desde esa fecha se ha estado trabajando hasta el día 1 de diciembre de 2010 en que se ha producido la inauguración oficial de la Posada del León de Oro, hemos estado trabajando en el proyecto. La obra ha durado, desde que entraron los primeros obreros hasta la fecha presente, dos años y medio.

P.: ¿Qué sociedad integra este proyecto empresarial?

R.: Bueno, no es una sociedad; se trata de la familia Sanz Montero, que son los propietarios del inmueble, interviniendo, asimismo, una sociedad gestora hotelera para su funcionamiento.

P.: ¿Qué funciones se encontraba cumpliendo el edificio cuando se inicia el proceso de rehabilitación?

R.: Como he comentado se encontraba destinado a una función de posada, que no responde al concepto romántico que tenemos cuando se habla de una “posada”. Las posadas no dejaban de ser hostales o pensiones donde se alojaban personas que venían a Madrid a vender sus quesos, sus chorizos, en suma productos agrícolas y ganaderos de los alrededores de nuestra ciudad, aunque en los últimos tiempos se encontraba ocupada por obreros de la construcción, quienes se alojaban en la posada de lunes a jueves y los viernes volvían a casa a pasar el fin de semana. Se hospedaban en habitaciones compartidas, compuestas bien por literas, camas individuales y tenían los baños compartidos.

P.: ¿En qué condiciones estructurales se encontraba el edificio cuando se inicia la rehabilitación?

R.: Si se observa exteriormente el edificio se podrá comprobar que su fachada se encuentra desalineada de la calle, sobresaliendo del resto de las fachadas, al tratarse de la construcción más antigua de la Cava Baja. La estructura de madera de la edificación se ha sustituido alrededor de un 80 ó 90%, no por gusto, sino porque la carcoma la había dejado en mal estado, y ya que se iba a acometer esta obra era mucho mejor, sustituirla o darle un tratamiento para conservarla en el tiempo. Si observan la viguería podrán comprobar que es estructural, no decorativa. Ha habido que sustituir las vigas una por una, ya que el edificio tiene una protección estructural según el catálogo de protección patrimonial de la Comunidad de Madrid, y aunque la actuación era bastante grande, hubo que respetar la escalera, la estructura completa, y la fachada, por lo que la actuación no ha podido efectuarse demoliendo el edificio por dentro y volviéndolo a reconstruir, sino que ha habido que realizarlo pilar a pilar y viga a viga.

P.: ¿Eso significa que algunas de las vigas maestras son las originales?

R.: Efectivamente, podemos observar en el patio dos de las “correas”, que delimitan en su ámbito la primera y la segunda crujía, y que son las que sustentan el edificio y son las originales, han sido limpiadas y tratadas y podemos observar que no son rectas, mostrando ambas cierto desnivel. Esto origina que en una de las habitaciones del segundo piso hayamos tenido que colocar un escalón ya que la estructura no es totalmente recta. Asimismo, se observa que desde el acceso a la posada, desde su umbral, y hasta el acceso al restaurante el suelo muestra tres pequeñas rampas o subidas en sucesión, aumentando progresivamente la altura del suelo, produciéndose un desnivel desde la cota de la muralla, que se encuentra en el comedor, en relación al nivel de la calle, de unos 90 centímetros.

P.: Nos gustaría saber quién es el autor del proyecto de rehabilitación y reforma.

R.: En estos trabajos han existido varias partes. Por un lado, una dirección facultativa por parte de Ángel Sánchez-Bernuy, arquitecto quien confió en el proyecto desde el principio; y el interiorismo, es decir, lo que se ve, la parte “bonita” de decoración ha sido labor del estudio de decoración Doss Decorando, de Isabel Cortés y Pilar Sánchez Jurado.

P.: Desde que se inician los primeros sondeos o catas arqueológicas, hasta los últimos trabajos, ¿cuánto tiempo han durado en conjunto los trabajos?

R.: Seis años.

La Muralla de la Posada

El elemento inmueble más antiguo, interesante y valioso de los que integran la actual estructura de la Posada, es, por supuesto la muralla, que bien merece una explicación más pormenorizada.

Como hemos indicado anteriormente, la Posada del León de Oro se edificó apoyada a la fachada exterior de la muralla cristiana, levantada a partir de la segunda mitad del siglo XII. En concreto, en el tramo que discurría entre las Puertas de Moros y Cerrada, ambas actualmente plazas urbanas que conservan el topónimo. La fachada o ronda interior de la muralla fue la que sufrió primero el proceso de construcción de viviendas adosadas a sus muros, a partir de mediados del siglo XVI; la fachada o ronda exterior se respetó por más tiempo. No obstante, el sector exterior de la muralla también se vería oculto por las casas que utilizaban la cerca medieval como muro de carga, y que fueron edificadas entre los años 1517 y 1536. Durante este período, pues, la muralla se perdió de vista, aunque ejercía de “espina dorsal”, de la consignada, a partir de 1751, manzana nº 150 en la Planimetría General de Madrid. Se trata de una de las manzanas más largas de la villa, fruto del adosamiento de construcciones a la muralla entre las ya referidas puertas de Moros y Cerrada. La manzana 150 se vería seccionada a mediados del siglo XIX con una apertura de salida de la calle del Almendro, a fin de facilitar las comunicaciones; a partir de ese momento la nueva manzana, surgida en su sector oriental llevaría el mismo numeral con el añadido del “bis”.


Espectacular vista general de la muralla, visible bajo el comedor de la Posada

El sector de muralla que podemos contemplar, rehabilitado y puesto en valor, en el interior de la Posada del León de Oro. Para su localización y evaluación se efectuaron cinco catas, bajo la dirección de los arqueólogos Pilar Oñate y Juan Sanguino. Tres de las referidas catas se efectuaron en el testero de la finca y las dos restantes en el lado occidental de la parcela.

El lienzo de muralla aparecido se encuentra en bastante buen estado de conservación, sirviendo de muro de cimentación al testero de la finca actual y a la colindante de la misma Cava Baja nº 10, que la engloba por el referido testero Este; a su vez, esta última finca conserva su propio lienzo de muralla y cubo, divisorios, a su vez de la finca nº 3 de la Calle del Nuncio.


Detalle del cubo o torreón semicilíndrico de la muralla

El lienzo de muralla excavado tiene una longitud de 12 metros, y en el interior de esta finca se ha documentado una anchura de un metro, a falta de excavar en el solar colindante del nº 10. No se ha podido documentar la altura conservada de la muralla, ya que su total excavación podría afectar a la estructura del inmueble. Se ha podido descubrir, no obstante, el arranque del cubo de muralla que, restaurado y ya musealizado se puede observar en la finca nº 10; y la sorpresa la ha constituido la aparición de un cubo, prácticamente completo en su planta en el sector suroeste de la finca de la Posada. Su ubicación en la misma parcela de la Posada no se había previsto, toda vez que la media de separación entre los cubos de la muralla cristiana ronda los quince metros. Su aparición en esta parcela, junto con la constatación del arranque del cubo conservado en la finca colindante nº 10, nos ha proporcionado una notable visión de conjunto de la fachada exterior de la muralla medieval, junto con dos de los cubos que reforzaban su misión defensiva


Vista de la fachada exterior de la muralla con el cubo situado en la parte inferior de la fotografía

P.: ¿La aparición de restos arqueológicos, especialmente de la muralla, ha supuesto algún trastorno o impedimento para el proyecto empresarial de la posada?

R.: La verdad es que no. Lo que en un principio supone siempre es un retraso, porque el subsuelo es propiedad de la Comunidad de Madrid, y el suelo, del Ayuntamiento. La coordinación de las licencias entre administraciones es compleja, tanto en forma como en tiempo. Aparte, hay un desembolso económico importante para la rehabilitación y la conservación, pero todo esto queda subsanado y justificado una vez que se pueden ver los resultados y la posada queda abierta al público.

P.: ¿Considera que la contemplación de los restos de la muralla supone un atractivo para el público en general?

R.: Bueno, indudablemente supone un atractivo; es parte de la historia de Madrid; pero también es atractivo para la corrala y, asimismo para el negocio. Lo que nos falta todavía, y es que acabamos de abrir y estamos en proceso de añadir cosas, es incorporar un pequeño catálogo con la historia de la muralla, y colocar una placa en la puerta indicando la existencia de un lienzo, un paño de la muralla visitable dentro del establecimiento. Creemos que es de interés cultural, y que un establecimiento abierto al público como este es más fácilmente accesible al público en general, que aquellos restos de muralla que se hallan en patios de viviendas particulares, a las que por motivos de seguridad es más complicado acceder.

P.: ¿Qué obligaciones impone la Dirección General de Patrimonio sobre la rehabilitación de la finca y la preservación de los restos arqueológicos?

R.: Bueno, realmente lo que se solicita, porque esto no está sometido a ninguna norma, es que los restos se limpien con un equipo de arqueólogos aprobado por ellos, que restaures los restos de la muralla, que la consolides cuando existe una parte que está deteriorada, y luego que se musealice, poniéndola en valor. Visto el resultado final, es bastante agradable a la vista.

P.: Aunque esta pregunta nos la ha contestado prácticamente con lo que ya lleva referido, nos gustaría saber qué porcentaje de la antigua estructura constructiva se ha conservado tras la rehabilitación del edificio.

R.: Pues lo que ya os referido anteriormente. Prácticamente sólo se han conservado las vigas maestras. Aunque para las maderas sustituidas y que se encuentran a la vista se han utilizado maderas nobles; y de lo que estamos seguros es que con los tratamientos que le han sido aplicados estamos seguros que aseguramos su permanencia y conservación para mucho, mucho tiempo.

P.: Los datos localizables en el Colegio de Arquitectos de Madrid, acerca de la posada, son escasos, pero nos datan su construcción en la década de 1740-1750, de autoría desconocida. Nos gustaría saber si este patio de galerías de madera se corresponde a la etapa fundacional del edificio en el siglo XVIII.

R.: No puedo añadir más a lo que has localizado en el Colegio de Arquitectos; lo que sí puedo añadir es que durante la etapa de rehabilitación localizamos una chapa, clavada en una de las vigas, que está siendo limpiada y restaurada, y exhibía el año 1883 ó 1886. La corrala que podemos contemplar, rehabilitada, es la misma que existía antes de acometer la reforma.

P.: Nos gustaría saber qué calificación y categoría cabría otorgarle a LA POSADA DEL LEÓN DE ORO dentro del ámbito hotelero de alojamiento.

R.: Yo siempre he dicho que éste es un hotel singular; y acerca de su categoría habría que decir que la misma la determinan sus clientes. Si me preguntas sobre número de estrellas, creo que no deberíamos otorgarle ninguna. Tenemos habitaciones de 30 metros cuadrados, con lo cual estamos muy por encima de hoteles de cinco estrellas. Indudablemente tenemos algunas carencias en algunos servicios, impuestas por el propio inmueble en sí; así, por ejemplo, no disponemos de un “parking” propio, lo cual supone una limitación para el cliente que viene de fuera, la cual también viene agravada por la propia configuración de la calle en sí, encontrándose las plazas de aparcamiento a una distancia de unos 150 metros de la posada.

A nivel de servicios, prestamos los mismos y al mismo nivel que un hotel grande. Pero, en fin, yo lo calificaría como un hotel singular, con una decoración peculiar.

P.: Visitando vuestra página Web, hemos comprobado que definís vuestro establecimiento como un “hotel con encanto”. Ahora bien, nos gustaría saber qué características propias singularizan la posada en relación a otros establecimientos hoteleros.

R.: Llevo más de 20 años trabajando en el mundo de la hostelería, y creo que hablar de “trato personalizado” no deja de ser un tópico. Creo que, en sí, el edificio es singular porque no hay otro igual; no hay otra posada como esta, y creo que también nos distinguimos en nuestra oferta gastronómica y en la carta de vinos. Nadie tiene una cocina tradicional con un toque moderno de estas características, además con el restaurante situado encima de una muralla; y todo ello acompañado de una vinoteca con 300 referencias nacionales, seleccionadas por una persona que es un gran profesional y gran amante del vino; tenemos unas 40 referencias semanales de vinos por copas que vamos rotando semanalmente, sencillos o complejos; la decoración de las habitaciones decoradas de siete formas distintas, tanto en el dormitorio como en el baño. No sé, creo que tenemos “mucho encanto”.

P.: ¿Cuántos empleados integran el personal de la Posada?

R.: Referente a la plantilla aún no podemos dar un número definitivo, ya que vamos contratando y aumentando el personal según las necesidades que se van presentando. Hay que tener en cuenta que la inauguración oficial fue el 1 de diciembre y abrimos al público el día 3. Tenemos el restaurante lleno tardes y noches, y doblando turnos, además de la atención del bar. La verdad es que quitando algunos días de diario y los desayunos en el bar, la afluencia de clientela está rebasando nuestras expectativas. Creo que estamos teniendo más éxito del esperado. Abrir un negocio siempre es un riesgo, aunque indudablemente en una calle como ésta el riesgo es menor de lo que se puede esperar. Solamente tenemos en plantilla unos 25 empleados.

P.: ¿Cree que el emplazamiento en plena Cava Baja constituye un atractivo más de cara a la atracción de la clientela?

R.: Hombre, la Cava Baja es el sitio de tapeo y referencia culinaria de Madrid por excelencia, aparte de producirse la circunstancia de haber abierto el primero de diciembre, hallarnos al lado de la Plaza Mayor de donde la gente baja de hacer compras, a ver la iluminación navideña de las calles. Madrid, en sí, aparte de los días festivos, tiene mucho atractivo, y para hacer una lectura en mayor profundidad del éxito de la posada hay que esperarse a que pasen las fiestas, los meses de enero y febrero y que cojamos “velocidad de crucero”, y valorarlo a partir de entonces.

P.: El hecho de iluminar la fachada de la posada al anochecer y mostrar la portada de cristal que se abre automáticamente al acercarte, atrae e invita a la gente a entrar libremente sin ningún impedimento.

R.: No hay ningún tipo de impedimento para el acceso. De hecho cuando me preguntan: “¿qué dicen los clientes cuando entran?” Pues mira, lo primero que hacen es entrar por la puerta atraídos por la iluminación, cuando llegan a la corrala, dicen: “¡Ahhhhh…!”, siguen andando, ven la muralla y dicen: “¡Ohhhhh…!”. Luego, se dan la vuelta y muchos de ellos se quedan tomando algo en la barra.

En este momento, acierta a pasar por nuestro lado el “chef” de la Posada, Juan Gabaldón, y accede a responder a algunas cuestiones sobre su oferta gastronómica.

P.:¿Qué tipo de cocina ofrece el restaurante?

R.: Básicamente una cocina tradicional, con unos toques un poquito elaborados. Un poquito de lo común, como es un cochinillo asado tradicionalmente, confitado a baja temperatura, así el resultado del plato es mucho más jugoso que asado tradicionalmente y de aspecto más o menos parecido, crujiente por fuera.

P.: ¿Qué especialidad ofreces, imagino que las carnes tradicionales en Castilla con algún toque de modernidad?

R.: Sí, un pelín, pero tampoco nos “pasamos” mucho; no aplicamos nitrógeno, ni mucho menos. Otra especialidad que tenemos es el rabo de toro, deshuesado, con un parte de trufa, que agrada mucho al cliente, porque al no tener hueso es más sencillo de comer. Servimos también lomo de ternera, solomillo de cerdo, como pescados, servimos merluza gratinada con almendras.

P.: A pesar de tu juventud, vemos que ya tienes una notable trayectoria dentro del mundo de la hostelería y la cocina, ¿cuál es tu formación y desarrollo profesional?

R.: Estudié en la Escuela de Hostelería de Lago. Estudié Restauración entre 2002 y 2004, y luego cursé las prácticas en el Restaurante “Jockey”, coincidiendo con la boda de los Príncipes de Asturias, y posteriormente trabajé en distintas localidades de la geografía española. Así, trabajé en Valladolid, concretamente en un restaurante de Villanuela; posteriormente en Madrid, estuve en el Hotel “Ritz” con Jorge González, un cocinero excelente; en el Restaurante “La Gamella”, etc.

P.: Para ser tan joven llevas una larga trayectoria.

R.: Tengo 28 años, y la verdad es que me ha gustado siempre moverme un poquito por varios sitios; no estar un mes en cada sitio, pero sí moverme cada seis meses o un año por ver cómo se hacen las cosas. Aunque sea la misma receta, siempre se hace de distinta manera, siempre aprendes cosas en cualquier sitio que vayas. Por eso me he estado moviendo un poquito, aprendiendo, hasta que hablé con Óscar, me llamó para este proyecto y estoy muy ilusionado e interesado con el mismo, y con ganas de salir adelante.

P. Al ofrecerte participar en este proyecto de La Posada del León de Oro, ¿te han dado carta blanca para que te organices?

R.: Sí, sí, absolutamente. Oscar me dio carta blanca para hacer del restaurante lo que yo quisiera. Yo le presenté y consulté con él mi proyecto, y estuvo de acuerdo, y la verdad es que todos estamos muy contentos.

P.: Vemos que la carta de vinos es amplia y variada: ¿Qué perseguís con esta gran variedad en la oferta de caldos?

R.: Nosotros tenemos más de 300 referencias de vinos, más de 50 denominaciones de origen. Damos satisfacción a nuestros clientes, le ofrecemos una copa de buen vino, barato, y nos hace sentir orgullosos de que aquí van a comer bien por 20 ó 25 euros un primero y un segundo y bebiendo un buen vino, y además tenemos la suerte de contar con un sumiller de la categoría de Cendayos. Puedes comer con seis vinos diferentes por copas durante la comida, sin necesidad de abrir por obligación ninguna botella de tinto o blanco.

4. Recorrido por la Posada.

Terminadas las entrevistas, nos disponemos a recorrer las instalaciones de la renovada Posada del León de Oro. Para esta visita, contamos con la guía de Luis Peláez, Director de Estrategia on-line, y responsable de la proyección y difusión del establecimiento a través de Internet y de las redes sociales

Rebasado el patio, llegamos a la zona habilitada como comedor, que se encuentra situado exactamente encima de la misma muralla cristiana, la cual se encuentra visible y perfectamente iluminada para su contemplación por los comensales a través de una cubierta transparente sobre estructura metálica. Como elemento decorador, destaca la pintura firmada por Amador, en el muro de fondo, con una representación de los tejados del viejo Madrid. Los componentes de La Gatera no podemos de sentir emoción a una representación tan similar a la de nuestro propio logo.

5. El alojamiento en la posada.

Subiendo por una cómoda escalera de madera, accedemos a las distintas galerías de las que se compone el patio, y que constituyen los corredores de acceso a las distintas habitaciones. Pero no olvidemos que disponemos también de un cómodo y modernísimo ascensor que dotan a estas instalaciones de total accesibilidad.

Luis, nuestro amable guía, nos explica que el hotel se compone de un total de 17 habitaciones, con una distribución de seis habitaciones por planta, exceptuando la última que se compone de cinco.

Estas habitaciones se distribuyen en cinco tipos o categorías, en atención a sus características: Así, encontramos las denominadas “habitaciones-corralas”; “dobles” con balcón a la Cava Baja; “familiares”, para tres o cuatro huéspedes; las denominadas “junior”, que son “suites” para uno o dos ocupantes; y las “buhardillas”. La habitación más pequeña tiene una extensión de 18 m2, en tanto que las mayores miden en torno a los 28 m2, siendo estas últimas la abuhardilladas.

Cada habitación tiene su propia personalidad, variando tanto la distribución de las mismas como su mobiliario , no dejando indiferente la mezcolanza de elementos prácticos vanguardistas, con otros de corte clásico, junto con la decoración de algunas paredes que no dejan de recordarnos que nos hallamos en el viejo Madrid, en pinturas firmadas por Amador.

La decoración austera y no recargada, y el buen gusto se ven complementados por el confort, materializado en detalles tan significativos como la calefacción por suelo radiante, o la dotación de bañera de hidromasaje situada en medio de alguna de las habitaciones, elemento que no pasa desapercibido para los integrantes de La Gatera, cuando visitan una de las habitaciones abuhardilladas en que se halla.

El trabajo de decoración y mobiliario de las habitaciones, al igual que del resto de la Posada ha corrido a cargo del estudio de decoración Doss Decorando, de Isabel Cortés y Pilar Sánchez Jurado, ya mencionadas en la entrevista realizada con el gerente del hotel.

Finalmente, Luis Peláez nos informa que, apenas abiertos al público desde el 3 de diciembre de 2010, durante el Puente de la Inmaculada y de la Constitución, alcanzaron un nivel de ocupación cercano al 80%. Asimismo, estiman que el tipo de cliente que solicita los servicios de alojamiento es básicamente el turista vacacional, ejecutivos de empresa, y sobre todo clientes procedentes de las distintas ferias y congresos que se celebran en Madrid, como la de ARCO. Igualmente, prevén para este año 2011 una elevada ocupación hotelera con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en el mes de agosto con asistencia del Papa. Destaca que el próximo verano anticipan, en base a las reservas que están recibiendo, una ocupación preferente de matrimonios con hijos, de turismo predominantemente nacional, ajustando su procedencia sobre todo de Cataluña y Comunidad Valenciana.

Nosotros finalizamos la visita con la impresión positiva de haber contemplado un trabajo bien hecho, y sólo podemos desear a sus responsables que sigan por ese rumbo que tan brillantemente han iniciado, y acaben consolidándose en un futuro inmediato como un valor seguro y absolutamente solvente dentro del mundo de la hostelería madrileña.

Bibliografía

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Autor del artículo

Julio Real

Comentarios

Esther(hace 5 años)

El lugar es espectacular, yo lo conozco desde hace poco y estoy enamorada :)

MiguelS(hace 7 años)

Enhorabuena por el reportaje y por traernos ese trocito de la historia de Madrid.

Me ha sido muy útil para descubrir este alojamiento y restaurante que pienso visitar en breve.

gracias!!

Julio Real(hace 7 años)

Hola Emilio.

Muchas gracias por inaugurar los comentarios de este artículo. Como bien has indicado el artículo-reportaje no es un informe técnico de carácter histórico, cultural o arqueológico. Carezco de la formación especializada que me hubiera permitido realizar un trabajo con esa orientación. Tienes toda la razón al señalar que he olvidado incluir la referencia a la cueva que se halla a la vista, bajo cubierta transparente a la derecha del zaguán de acceso; unas escaleras permiten el acceso a la misma. No obstante la cueva está cegada, y el inmueble carece de sótanos que tuvieran algún tipo de comunicación con la misma.
La descripción que realizo sobre la muralla cristiana del siglo XII aparecida en el testero del inmueble, la baso en mi observación personal pero, y sobre todo, en el resumen de la memoria efectuada por los arqueólogos directores de la excavación, cuya referencia puedes hallar en la referencia bibliográfica que se halla al pie del artículo. Por supuesto que la exposición entre los mampuestos de la muralla de botellas de caldos de calidad efectuada por la dirección de la empresa hostelera responsable de la posada, es discutible y opinable, como asimismo la responsabilidad de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, que ha supervisado los trabajos de excavación, restauración y adaptación del tramo de muralla en su configuración actual. Estas cuestiones pueden abrir un interesante debate sobre el patrimonio madrileño y la responsabilidad que le atañe tanto a las administraciones competentes como a los ciudadanos en general, que esperemos que muchos lectores tengan interés en continuar con sus comentarios.

Saludos cordiales.

Emilio(hace 7 años)

Muy escueto
el artículo parece un reportaje publicitario y no informe histórico-cultural-arqueológico.
La exposición de botellas decorativas bajo la vitrina, es una aberración que no deberían ser autorizadas por la D.G.P.H. Es equivalente a poner un anuncio de Coca Cola en la fachada de la Catedral de Burgos (de la D.G. no se puede esperar otra cosa)
A la entrada, habitación de la derecha: existe una cueva que no se describe.
Mi vecino del quinto me dijo que no recibió la impresión de una muralla sino de simples cimientos. Nadie le supo explicar el contexto de lo expuesto

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