La estatua de Felipe III, un cementerio de gorriones

Al entrar por uno de los de sus arcos de la increíble Plaza Mayor  nuestra vista se dirige hacia una estatua rodeada de una valla negra.  Esta estatua,  de un hombre cabalgando, representa a Felipe III y fue construida a principios del siglo XVII en bronce. Si alzamos la mirada hacia la boca del caballo podremos observar que la boca está soldada.  Aunque no siempre estuvo así: cuando fue fundida en Florencia por Juan de Bolonia y finalizada por Pietro Tacca, la boca del caballo estaba abierta.

Pocos turistas y ciudadanos conocen que esta estatua, fue para muchos gorriones su cementerio. Los pajarillos se posaban en la boca y después de entrar por el estrello pasillo de la garganta que conducía a la entrañas oscuras del caballo los pobres gorriones revoloteaban en la oscuridad, intentado encontrar una salida. Cuando por fin encontraban la abertura, descubrían que la longitud de sus alas les impedía escapar a través del agujero. Durante muchos años nadie supo la existencia de esta trampa mortal, hasta que en 1931,  el año en que se proclamó la II República, un grupo de personas colocó un explosivo de gran potencia en el interior de la estatua. Cuando el  vientre explotó el aire se llenó de cientos de huesos de pajarillos, con lo que se descubrió la trampa  mortal para gorriones que había estado oculta durante siglos.

Tras la Guerra Civil se inició la restauración de la estatua por el escultor Juan Cristóbal. Desde entonces, la boca soldada del caballo ha salvado la vida a cientos de gorriones,  que de lo contrario, hubieran seguido acabando su existencia en el interior de la estatua.

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Autor del artículo

Sandra Ruiz Martínez

Comentarios

Juan Antonio Jiménez Torres(hace 7 años)

Sí. La verdad es que aunque es una anécdota conocida entre los amantes de los temas madrileños, no deja por ello, de ser sorprendente.

También coincido con la autora del artículo en que es una anécdota desconocida para muchos ciudadanos, y es que el madrileño de a pie, es alguien que se ha acostumbrado a andar sin mirar, a usar la ciudad sin preocuparse por su historia, y desconoce todo el patrimonio monumental y artístico que ofrece nuestra ciudad.

Para los que lean este artículo y desconocieran los hechos, se llevan puesta una anécdota que contar a sus amigos la próxima vez que queden por la Plaza Mayor.

ROMO XIII(hace 7 años)

Anécdota funesta para los gorriones, pero curiosa historia.
Saludos.

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