Vestigios del Madrid islámico: silos y pozos

Silos y pozos islámicos

Los silos, simples depósitos excavados en el terreno que se utilizaban para el almacenamiento a largo plazo de productos diversos, especialmente cereales, eran utilizados ya en épocas prehistóricas, fueron muy frecuentes en la península durante las épocas tardorromana y altomedieval y llegaron a su apogeo durante la dominación musulmana. Solían tener planta circular y sección cilíndrica, troncocónica o acampanada; sus paredes estaban desnudas, acabadas con un simple alisado; se cerraban mediante una tapadera circular de piedra o madera. La capacidad media de los encontrados en Madrid es de 24 hectolitros.

Una fuente anónima musulmana de los siglos XIV-XV alababa las virtudes de tal sistema de almacenaje, que «tiene la particularidad de que las cosechas se pueden almacenar bajo tierra durante cien años sin que se alteren, se pudran, se corrompan ni se produzcan en ellas el más mínimo cambio, a pesar del cambio de los años y la alternancia de las estaciones». Los silos islámicos estaban situados en locales anejos a las viviendas, corrales y patios, o en zonas de almacenamiento al aire libre alejadas del caserío; hay referencias arqueológicas de todos estos tipos de localización.

Se cree que el sistema estaba asociado con la existencia de excedentes en la producción agraria de comunidades familiares o tribales. Finalizada la vida útil del silo, pasaba a utilizarse como basurero de desechos domésticos y depósito de escombros. Con la llegada de los repobladores cristianos (finales del siglo XI y la totalidad del XII) comenzó un proceso generalizado de cegado y abandono de los silos, que iría ligado al nuevo modo de producción feudal impuesto por aquéllos o bien a un simple cambio en los métodos de almacenamiento, siendo sustituidos por tinajas y graneros. Los silos abandonados se reutilizaron posteriormente como basureros.

A falta de una red pública de abastecimiento de agua tanto para el consumo directo como para regadío, el suministro se realizaba mediante pozos verticales de forma cilíndrica excavados en el terreno que captaban el agua contenida en los acuíferos subterráneos. Solían disponer de pates enfrentados para facilitar su construcción y posterior mantenimiento. Terminaron usándose también como basurero.

Silos hallados en el solar medieval de Madrid

En al menos 23 intervenciones arqueológicas realizadas en el casco histórico de Madrid se han encontrado silos y pozos de cronología islámica; por ahora, estos hallazgos son los únicos que permiten aventurar cómo pudo haber sido la ocupación humana del Mayrit islámico y su entorno más próximo.

El número total de silos y pozos musulmanes encontrados supera las 270 unidades, con una distribución sobre nuestro solar medieval que no es uniforme, pues tampoco lo ha sido el emplazamiento de las zonas excavadas. Lo que sí se mantiene bastante estable es su concentración en superficie, en torno a las 3-4 unidades por cada 100 metros cuadrados excavados. Sólo se han hallado concentraciones inferiores (1 silo/100 m2) en cuatro de las intervenciones (fundamentalmente, en las plazas de Oriente y de la Armería y la calle del Sacramento), y concentraciones superiores (más de 7 silos/100 m2) en dos de ellas (Nuncio 13 y Angosta de los Mancebos 3).

Los materiales que formaban el relleno de estos silos eran muy variados: cenizas, carbón, huesos, metales, semillas, madera, recipientes cerámicos, restos de materiales constructivos (tejas, ladrillos, argamasas y piedras), etc.

EL CERRO DE SAN ANDRÉS

 

SILOS / POZOS

CANTIDAD TOTAL

SUPERFICIE EXCAVADA(m2)

DENSIDAD
(unid./100 m2)

HALLAZGOS DE CRONOLOGÍA

ISLÁMICA O ANTERIOR

Casa de San Isidro

44/1

45

1.330

3,4

- Fragmentos cerámicos de época romana.

- Fragmentos cerámicos de tradición hispano visigoda.

- Silos islámicos de planta circular y sección cilíndrica, troncocónica o acampanada. Relleno: semillas, fragmentos cerámicos, restos constructivos (tejas, ladrillos, cal, enfoscados), cangilones de noria, piezas de ajedrez y una maqueta de barro cocido de una puerta de muralla.

Capilla del Obispo

7/-

7

200

3,5

- Silos islámicos de planta circular. Relleno: fragmentos cerámicos y restos constructivos (tejas, ladrillos).

Almendro 5

-/1

1

1

-

- Pozo con relleno de restos de cerámica islámica y dos fragmentos de cerámica campaniforme de la Edad del Bronce.

Angosta de los Mancebos 3

3/1

4

34

11,2

- Fondo de cabaña de la Edad Bronce Final.

- Fragmentos cerámicos de época romana.

- Silos islámicos de forma acampanada. Diámetros: 1 m. en la boca y 2 m. en el fondo; altura: 1,5 m. Relleno: fragmentos cerámicos, restos óseos y un alifato.

- Pozo islámico cilíndrico con pates contrapuestos; diámetro: 1 m.; profundidad: 3 m.

Caños Viejos 6

1/-

1

27

3,7

- Silo islámico arrasado. Relleno (decontextualizado): fragmentos cerámicos y materiales de construcción (tejas y losas).

Plaza de los Carros

2/1

3

101

3,0

- Fragmentos cerámicos de la Edad Bronce.

- 2 fondos de silos islámicos. Relleno: fragmentos cerámi­cos.

- Cueva y pozo de posible cronología islámica.

- Viaje de agua islámico.

Cava Baja 10

1/-

1

8

-

- Silo islámico de planta circular y paredes verticales.

Cava Baja 22

2/-

2

47

4,2

- Silos islámicos de sección ultrasemiesférica. Relleno: fragmentos cerámicos y escombros de ladrillos, piedras, cal y arcilla.

- 5 fondos para apoyo de grandes tinajas.

- Resto de un muro de posible cronología islá­mica.

Cava Baja 30

14/-

14

527

2,7

- Silos islámicos de planta circular. Relleno: materia orgá­nica, restos óseos, semillas, materiales cerámi­cos, fragmentos de hierro y cobre, cenizas, carbón vegetal, tejidos, cuerdas y un alifato.

- Restos de dos muros de mampostería en L de posible cronología islámica.

Cava Baja 32

1/-

1

14

-

- Silo islámico de planta rectangular de 0,90x1 m., con dos pates; pro­fundidad conservada 2 m. Relleno: fragmentos cerámicos y restos óseos.

Granado 3

3/-

3

300

1,0

- Silos islámicos de planta circular, con diámetros entre 1,05 y 3 m., y profundidades conservadas entre 0,40 y 2,40 m. Relleno: fragmentos cerámicos, restos óseos y material constructivo (ladrillos).

Mancebos 3

 

3[1]

15

-

- 3 fosas del Calcolítico/Bronce, una de ellas con restos de un enterramiento.

- Silos islámicos con relleno de fragmentos cerámicos.

Nuncio 13

7/1

8

100

8,0

- Silos islámicos de planta circular. Relleno: semillas, restos óseos, fragmentos cerámicos y restos de dos cangilones de noria.

- Pozo islámico circular con pates.

Segovia 5

1/-

1

24

4,2

- Silo islámico circular de 1 m. de diámetro y con una profundidad conservada de 0,70 m. Relleno: fragmentos cerámicos y restos constructivos (tejas y ladrillos).

TOTAL:

94

 

 

TABLA 1: Silos hallados al sur del arroyo de San Pedro[2]

La TABLA 1 recoge las localizaciones y demás datos relativos a las intervenciones realizadas al sur del arroyo de San Pedro en las que se encontraron silos y pozos de cronología islámica. Analizando su situación en el callejero, resalta la notable uniformidad que presenta la distribución de estas catorce intervenciones, lo cual es consecuencia de que los solares por los cuales discurría la muralla cristiana se hayan ido excavando de forma sistemática siempre que se proyectaba una rehabilitación o reforma en las fincas correspondientes.

Pero también destacan otras dos circunstancias: la primera, que en siete de esas catorce excavaciones los rellenos de los silos contenían fragmentos de materiales constructivos (ladrillos, tejas, cal, losas); y la segunda, que, junto a los silos islámicos, en cuatro de ellas se encontraron restos prehistóricos (un fondo de cabaña de la Edad del Bronce en Angosta de los Mancebos; tres fosas de inicios de la Edad del Bronce, una de ellas con restos de un enterramiento, en Mancebos; y fragmentos cerámicos de la Edad del Bronce en la plaza de los Carros y en la calle del Almendro) y romanos o hispanovisigodos (fragmentos cerámicos en Angosta de los Mancebos y Casa de San Isidro).

El hallazgo de silos en una zona determinada no permite, si no viene acompañado por otros indicios, afirmar categóricamente que en ese preciso lugar hubieran existido estructuras de edificación coetáneas. Pero la situación cambia si en su relleno se encuentran restos de elementos constructivos, en cuyo caso sí creemos razonable relacionar tales silos con edificios de habitación en los que aquéllos habrían estado ubicados.

En esta zona al sur del vallejo, por lo tanto, concurren tres circunstancias peculiares: existencia segura de un poblado durante la Edad del Bronce, posibilidad de ocupación próxima en época romana e hispano visigoda, y alta probabilidad de habitación humana en tiempos islámicos.

LA COLINA DEL ALCÁZAR

 

 

SILOS / POZOS

CANTIDAD TOTAL

SUPERFICIE EXCAVADA(m2)

DENSIDIDAD
(unid./100 m2)

HALLAZGOS DE CRONOLOGÍA

ISLÁMICA O ANTERIOR

Amnistía

9/-

9

-

-

- Silos islámicos de planta circular de 2 m. de diámetro. Relleno: fragmentos cerámicos, restos óseos y un alifato.

Plaza de la Armería

27/2

29[3]

2.210

1,3

- Pozos islámicos.

- Silos islámicos.

- 1 horno de alfarería islámico.

Cuesta de la Vega (cata 1)

3/-

3

124

2,4

- Silos islámicos de planta cuadrada. Relleno: fragmentos cerámicos, restos óseos.

Cuesta de la Vega (cata 2)

2/-

2

63

3,2

- Silos islámicos de planta circular, con pates. Diámetro inferior a 1 m. Profundidades entre 1,5 y 2,5 m. Relleno: materiales cerámicos y restos óseos.

Noblejas 5

1/-

1

9

-

- Silo islámico de planta circular de 0,72 m. de diámetro, y profundidad conservada de 0,70 m. Relleno: fragmentos cerámicos y restos de cangilones de noria.

Plaza de Oriente

50/20

70

7.150

1,0

- Pozos islámicos de planta generalmente circular, aunque algunos la tenían cuadrada (pozos de noria). Relleno: Material diverso y canjilones.

- Silos islámicos de forma acampanada, con relleno de semillas y restos de cerámica.

Plaza de Ramales

18/10

28

600

4,7

- Pozos islámicos.

- Silos islámicos.

Requena 1

12/1

13

400

3,3

- Silos islámicos con relleno de restos cerámicos.

Rollo 7

1/-

1

-

-

- Silo islámico con relleno de fragmentos cerámicos y óseos.

Sacramento

22/-

22

1.400

1,6

- Silos islámicos circulares. Diámetro entre 0,90 y 1,80 m. y profundidad conservada entre 0,40 y 2,60 m. Relleno: fragmentos cerámicos, restos constructivos (tejas y piedras) y una basmala.

TOTAL:

178

 

 

TABLA 2: Silos hallados al norte del arroyo de San Pedro

Al norte del vallejo de San Pedro la situación y características de los hallazgos, cuya relación pormenorizada se recoge en la TABLA 2, son bien distintas. Las intervenciones arqueológicas han tenido allí una naturaleza mucho más aleatoria, por lo que los silos encontrados se distribuyen de forma muy dispersa sobre el callejero.

Resalta la baja concentración superficial de los silos encontrados en las intervenciones de las plazas de Oriente y de la Armería, que pudiera deberse a las especiales características de aquellos dos lugares en época altomedieval: la zona excavada de la plaza de la Armería se localiza en el interior del que fue recinto fortificado emiral, mientras que la plaza de Oriente actual correspondía en la Edad Media a la Sagra madrileña y ladera meridional del barranco del Arenal, terreno boscoso y accidentado con una apreciable pendiente natural[4] que limitaba en buena medida su idoneidad para la edificación.

Hay que mencionar también el enorme hueco carente de hallazgos observable entre la plaza de la Villa y la calle de Santiago, que seguramente se debe tanto al menor número de intervenciones allí realizadas como, en los casos de excavaciones con resultados negativos, al arrasamiento de restos ocasionado por los rebajes topográficos realizados a lo largo de la historia.

Es asimismo reseñable, siendo el número de silos aquí encontrados casi el doble del de los hallados al sur del barranco de San Pedro, que en ninguna de las intervenciones hayan aparecido vestigios anteriores al periodo musulmán, y que sólo se hayan encontrado restos constructivos en las excavaciones de la calle del Sacramento.

Los arrabales de Mayrit

En el solar medieval de Madrid destacaban tres elementos naturales que durante siglos fueron condicionantes topográficos de primer orden para el desarrollo urbano de la villa: el escarpe de la colina del alcázar sobre la vega del Manzanares, el barranco del Arenal y el arroyo de San Pedro. Y es precisamente este último el que seguramente tuvo mayor peso específico en el proceso de ocupación humana del espacio extramuros del Madrid islámico.

EL ARRABAL MOZÁRABE

Por todo lo visto al analizar los silos y pozos, hay argumentos suficientes para afirmar que los terrenos situados al sur del arroyo de San Pedro han estado habitados en diversas épocas de la Historia, aunque de momento no se pueda asegurar que eso haya ocurrido de forma continua en el tiempo.

- POBLADO PREHISTÓRICO: Hubo un asentamiento humano en ese preciso lugar al menos desde los primeros momentos de la Edad del Bronce, tal como atestigua el fondo de cabaña de Angosta de los Mancebos, el cual, además, sirve para concretar la localización del poblado prehistórico: en el sector occidental del cerro de San Andrés, quizá escorándose bastante hacia la zona de las Vistillas. Los otros hallazgos de esta época (restos cerámicos de Almendro y plaza de los Carros y fosas con enterramiento de Mancebos) no hacen sino corroborar plenamente la afirmación.

- ALDEA HISPANO VISIGODA: El asentamiento pudo reaparecer en época romana o hispano visigoda (a favor, los restos fuera de contexto de la Casa de San Isidro y de Angosta de los Mancebos), bien en ese mismo lugar o bien en algún otro enclave no demasiado alejado. No hay que olvidar, a este respecto, los dos recientes hallazgos ocurridos en la plaza de la Armería (faltos todavía de una interpretación definitiva, pero que encajarían en este supuesto), el esqueleto humano de principios del siglo VIII y el torreón de sillares de granito, tan único y ajeno éste al resto de la muralla musulmana[5] .

En apoyo de estas consideraciones arqueológicas (débiles pero ciertas), es significativo que el sector del solar medieval en el que se asienta este núcleo no tuviera ninguna relación con las puertas del recinto emiral ni con los caminos principales que nacían a partir de ellas, lo cual refuerza la posibilidad de que el nacimiento de dicho núcleo de población hubiese sido anterior a la llegada de los musulmanes a Madrid. Se trataría, así, de un asentamiento habitado inicialmente por hispano visigodos en el que luego se concentraría la población mozárabe del Mayrit islámico[6].

- ARRABAL MOZÁRABE: Este núcleo de población preislámica se renovó y consolidó durante los siglos musulmanes de la villa, extendiéndose ahora al este, hacia la cabecera del arroyo, sin abandonar nunca la vertiente sur del vallejo. Así lo confirma la reiterada aparición de restos constructivos en la mayor parte de los silos encontrados en la zona, que sólo puede ser consecuencia de la existencia allí de estructuras estables de habitación.

Además, los directores de las intervenciones arqueológicas realizadas en Cava Baja Baja 22 (Luis Caballero Zoreda y Araceli Turina Gómez) y Cava Baja 30 (Antonio Fernández Ugalde) no descartaron en sus informes la posibilidad de que sendos restos de muro aparecidos en dichas excavaciones tuvieran cronología islámica. Si tal posibilidad fuera cierta, nos encontraríamos ante los únicos restos conservados de edificios de este núcleo extramurado de población y, por extensión, de todo el Madrid musulmán. La pérdida de los demás vestigios constructivos habría sido consecuencia de un arrasamiento generalizado causado por los sucesivos rebajes topográficos, vaciados y desmontes que han ido realizándose en el solar madrileño; por esa misma razón en la mayoría de los silos encontrados sólo se conserva la parte inferior de su altura total.

Es probable que este núcleo poblado contara ya en época islámica con una rudimentaria red de abastecimiento de agua, de acuerdo con los vestigios aparecidos en 1983 en la plaza de los Carros: un tramo de 10 metros de longitud de un viaje de agua que discurría en dirección este-oeste, y que fue considerado de indiscutible cronología musulmana por el equipo de arqueólogos (Luis Caballero Zoreda, Manuel Retuerce Velasco y Carmen Priego). Sin embargo, la falta de otros restos similares impide, por el momento, asegurar rotundamente tal extremo.

La uniformidad observable en la distribución de los silos encontrados sobre este sector al sur del arroyo es casi absoluta. Sólo aparecen dos pequeñas discontinuidades o zonas sin silos, una en la manzana del que fue palacio de los Lasso (de unos 120 metros de longitud), y otra en el sector final de la calle del Almendro (de 70 metros escasos), fácilmente explicables por la aleatoriedad de las excavaciones. Ello hace pensar en un único núcleo de población, sin que haya nada que permita suponer la existencia de los dos núcleos claramente diferenciados que algunos autores[7] defienden, uno en San Andrés-Vistillas y otro entre la Cava Baja, Almendro y zona alta de Segovia hasta Puerta Cerrada.

EL ARRABAL ISLÁMICO

Como ya se ha indicado antes, los silos musulmanes encontrados al norte del arroyo de San Pedro tienen una distribución muy irregular sobre el plano. Sorprende la gran zona sin hallazgos a ambos lados de la calle Mayor, pues en buena lógica la presencia del arco de la Almudena y el nacimiento en ese preciso lugar del camino a Guadalajara, principal eje viario medieval de Madrid, deberían haber favorecido la ocupación humana de ese amplio sector. Por eso no parece en absoluto justificada la diferenciación en dos núcleos de población que a veces se propone: uno en la zona de las calles del Sacramento y Mayor y otro en la calle de Santiago, plaza de Ramales y plaza de Isabel II. En buena lógica, la explicación a la ausencia de silos en la extensa franja de terreno que teóricamente separaría ambas zonas hay que buscarla sólo en la falta de intervenciones arqueológicas en dicho sector.

Así (aunque la citada falta de hallazgos no permita asegurarlo rotundamente), habría que pensar en que el terreno que se pobló extramuros comprendía desde las calles de Requena y Vergara hasta la del Sacramento, es decir, toda la meseta elevada que por el oeste acababa abruptamente en los altos de Rebeque; al norte de esta zona, el terreno comenzaba su declive hacia el arroyo del Arenal; al sur, se iniciaba la ladera del vallejo de San Pedro. Los silos encontrados en el borde norte de este sector (Requena y Ramales) mantienen una densidad similar a los del arrabal mozárabe, mientras que en los hallados en el borde sur (Sacramento) la densidad es algo menor. Es muy probable que la pervivencia en el siglo XVI del topónimo axerquía no fuera sino el recuerdo fosilizado de esta al-sarquiyya o arrabal islámico situado al este.

Este hábitat disperso de carácter semirrural habría surgido después de que se erigiese el recinto amurallado pero antes incluso de que el caserío intramuros llegara a saturarse, y la total falta de restos de épocas más lejanas parece indicar que previamente a dicho momento no había existido ningún tipo de poblamiento humano en ese sector.

EL CAMPO DE SILOS DE LA SAGRA

Los silos y pozos hallados en la plaza de Oriente suponen la cuarta parte de todos los encontrados en Madrid. La densidad con que se reparten en el terreno es significativamente menor que en las demás zonas excavadas, mientras que la proporción de pozos de riego frente a silos es bastante mayor, lo que sugiere un origen o uso distintos en esta zona para dichas estructuras subterráneas de almacenaje y abastecimiento. Algunos de estos pozos eran de planta cuadrada, correspondiendo probablemente a pozos de noria.

En opinión del equipo de arqueólogos que realizó la intervención, buena parte de los silos pudieron haberse utilizado como basurero de residuos domésticos, quizá para la obtención de abono. Y por otro lado, esa zona no estuvo poblada durante la Edad Media, usándose como muladar y asentamiento esporádico de huertas y pequeñas explotaciones rurales o industriales aisladas.

Tales circunstancias son acordes con la existencia en ese lugar de un campo colectivo de silos, alejado de la población pero cercano a las instalaciones agrícolas que iban a aprovechar el abono obtenido en ellos y el agua de riego suministrada por los pozos.

CARACTERÍSTICAS DE ESTOS ARRABALES

Los dos arrabales con que contó Madrid en época musulmana tuvieron un carácter eminentemente rural, con caserío disperso y ordenación urbana mínima o nula; los únicos elementos de articulación viaria pudieron ser el camino a Guadalajara, a cuyos márgenes creció el arrabal islámico, y el eje curvo de las calles Mancebos y Almendro, espina dorsal del núcleo mozárabe. De este carácter rural dan buena fe los cangilones o arcaduces hallados en varias de las excavaciones, pues evidencian la existencia de norias en dichos arrabales.

Si es cierto el origen preislámico que suponemos para el asentamiento que creció al sur del arroyo de San Pedro, su arquitectura inicial no distaría mucho de la ya conocida para los poblados rurales de época visigoda y altomedieval en la región de Madrid: edificios rectangulares aislados con varios ambientes diferenciados y, ocasionalmente, espacios cercados en torno a la unidad residencial; zanjas de cimentación muy someras, zócalos de sillarejo y muros de tapial o de adobes; cubiertas de teja y pavimentos de tierra apisonada.

Con la llegada de los musulmanes, la arquitectura de este asentamiento autóctono pudo evolucionar hacia formas organizativas y constructivas más propias del mundo musulmán. A éstas también se adaptarían desde el principio los edificios del arrabal islámico que a partir de ese momento iría creciendo. Las viviendas se organizaron en torno a un patio que podía utilizarse también como corral y que solía disponer de un pozo para el suministro de agua; tenía dependencias de uso polivalente en dos o tres de sus lados, y en los restantes un cerramiento lo separaba del ambiente exterior. El acceso al patio era directo, sin zaguán. Los establos, cuando existían, contaban también con una entrada independiente.

Las técnicas constructivas serían iguales en lo básico a las ya descritas para el núcleo autóctono, con la incorporación del ladrillo, a partir de los reinos de taifas, como componente de soleras y muros mixtos: poco a poco se generalizaría en éstos el típico aparejo toledano formado por cajas de mampostería entre hiladas de ladrillo[8] .

El hallazgo generalizado de restos constructivos en los silos del arrabal mozárabe podría estar ligado a los derribos masivos de edificios que hubo que realizar a finales del siglo XI y principios del XII a lo largo de toda la franja en la que se construirían los lienzos meridionales de la muralla cristiana, derribos que coincidieron en el tiempo con la fase de amortización generalizada de los silos y su reutilización como basureros. Por el contrario, no ocurrió tal cosa en el arrabal islámico: allí, los lienzos orientales y septentrionales de la nueva muralla pudieron trazarse por terreno no edificado, pues el caserío seguramente no se había extendido hasta tan lejos; por esa razón, los silos hallados en esta zona raramente contienen restos constructivos.

En ambos núcleos habitados, la mínima profundidad de las zanjas de cimentación, las posibilidades de reutilización de los mampuestos de los zócalos y la inevitable degradación del tapial de los muros originaron una pérdida casi completa de vestigios arqueológicos in situ de aquellas humildes edificaciones. Sólo han llegado hasta nosotros los propios silos y los fragmentos de materiales encontrados en ellos, material escaso que, sin embargo, puede ayudarnos a resolver con ciertas garantías alguna de las incógnitas que todavía oscurecen el nacimiento de nuestra villa.

Bibliografía

  • “Anuario de Actuaciones Arqueológicas y Paleontológicas de la Comunidad de Madrid”. Dirección web: http://213.4.104.210/cgi-bin/WebObjects/arqueologiaCAM
  • “Estudios de Prehistoria y Arqueología madrileñas”. Núm. 2 (1983), 3 (1984), 4 (1985), 5 (1987), 6 (1989), 10 (1995/1996). Ayuntamiento de Madrid.
  • MAZZOLI-GUINTARD, Christine: Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX-XXI). A.C. Al-Mudayna. Madrid, 2011.
  • MENA MUÑOZ, Pilar y otros: Arqueología medieval urbana. Las murallas de Madrid. Doce Calles. Madrid, 2003.
  • VV.AA.: Madrid del siglo IX al XI. Comunidad de Madrid, 1990.
  • VV.AA.: Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña. Fernando Valdés, Ediciones Polifemo, 1992.
  • VV.AA.: “Reunión de Arqueología Madrileña”. Madrid, 1996.
  • VV.AA.: Plaza de Oriente. Arqueología y Evolución Urbana. Ayuntamiento de Madrid, 1998.
  • VV.AA.: Testimonios del Madrid medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro, 2004.

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Autor del artículo

José Manuel Castellanos

Comentarios

José Manuel Castellanos(hace 4 años)

Hola, Emilio:
Intentaré contestar hasta donde yo sé.
- ¿Los podemos ver musealizados?: No
- ¿cuantos han sido destruidos despues de haberlos estudiado?: Imagino que todos, aunque ya te die que en este caso lo veo razonable.
- ¿Por que no hay un día de puertas abiertas en las excavaciones realizadas por la Comunidad?: Creo que empieza a haberlos; hace poco estuve en una jornada de puertas abiertas en unas excavaciones de Cadalso, y me lo explicaron mientras el personal seguía excavando.
- ¿Por que no se permite al ciudadano a opinar sobre lo hallado?: Opinar sí podemos.
- ¿Por que no te permiten consultar los archivos correspondientes a estas excavaciones?: Cuando lo he necesité para el libro de las murallas sí los pude consultar en Patrimonio de la Comunidad, en Arenal. Lo que pasa es que está muy desorganizado, sin un protocolo establecido a la hora de que los arqueólogos emitan sus informes. De hecho, más de un arqueólogo que ha intervenido en yacimientos ya excavados anteriormente no ha podido encontrar documentación sobre esas intervenciones previas.
Un saludo.

Emilio(hace 4 años)

Muy bien. Ya sabemos cuantos silos y pozos existen.
Mis preguntas. ¿Los podemos ver musealizados?
¿cuantos han sido destruidos despues de haberlos estudiado?
¿Por que no hay un día de puertas abiertas en las excavaciones realizadas por la Comunidad?
¿Por que no se permite al ciudadano a opinar sobre lo hallado?
¿Por que no te permiten consultar los archivos correspondientes a estas excavaciones?

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