Crestería. Glosario arquitectónico madrileño.

El alfabeto arquitectónico avanza inexorable. La letra “C” llama a la puerta, y el primer elemento arquitectónico que queremos destacar en esta cuarta entrada no parece primordial y especialmente relevante para la configuración de una estructura edilicia. Nos referimos a la “CRESTERÍA”. Efectivamente, su existencia no es primordial para la morfología de los edificios, pero está creada para dotar de armonía y apariencia de “acabado” a un edificio que, sin su auxilio, estaría carente de un remate que le dote de un sentido de goce para los sentidos. Algo puramente estético, cierto, pero la arquitectura ama los elementos que le dotan del alma y la belleza que apreciamos los seres humanos. Y en Madrid, encontramos un interesante ejemplo del uso de este elemento estético en un edificio bien visible, en una de sus principales calles, y, desde luego, no lo suficientemente conocido: la iglesia de las Calatravas. Pero antes de desvelar las incógnitas de tan hermoso templo definamos a la protagonista de esta entrada.

Crestería

Crestería (Derivado de “cresta”, y éste del latín crista): Elemento de remate decorativo arquitectónico que corona los edificios por encima de la cornisa, consistente en un motivo repetido en serie, generalmente de talla calada en piedra, de carácter geométrico, vegetal o zoomórfico, y empleado sobre todo durante los períodos artísticos del Gótico y del Renacimiento.

Antes de mostrar el ejemplo de la presente entrada en el edificio madrileño seleccionado en el presente artículo, podemos ver dos ejemplos de crestería de los referidos estilos artísticos.

 

Un buen ejemplo del período renacentista, lo constituiría la crestería que culmina el palacio de Monterrey en la ciudad de Salamanca (Foto 1)

Y otro ejemplo, éste perteneciente al estilo gótico, lo descubrimos en la Capilla Real de la Catedral de Granada (foto 2).

El ejemplo de crestería madrileño que hemos seleccionado lo encontramos en el magnífico edificio de la iglesia de las Calatravas (foto 3) en el que centramos el presente reportaje. Podemos observar que la misma se encuentra constituida por grifos de vigoroso diseño, entre pináculos de diseño renacentista, que sustentan con sus patas delanteras el escudo de la Orden de Calatrava culminado por corona real.

 

 

Templo de la Concepción Real de Calatrava

Esta es la denominación canónica de la iglesia que nos disponemos a visitar y describir.

Ubicada en el actual número 25 de la tradicional y populosa calle de Alcalá, y muy próxima a su centro viario de la Puerta del Sol, esta iglesia constituye uno de los templos madrileños más bellos del barroco del último tercio del siglo XVII.

Para entender la razón de su atribución a una orden religiosa-militar de raigambre exclusivamente española como es la de Calatrava hemos de dar unas leves pinceladas, acerca de su origen, para pasar a explicar su incardinación posterior en este templo de la Villa y Corte.

Breve apunte de la orden de Calatrava

En 1147 las tropas castellano-leonesas del rey Alfonso VII conquistaron la plaza fuerte de “Calat Rabaht”, la actual Calatrava la Vieja, en el municipio ciudadrealeño de Carrión de Calatrava. Encomendada su defensa a los templarios, los mismos ejercieron su defensa durante diez años, hasta 1157, en que abandonaron dicha plaza ante las “razzias” cada vez más apremiantes y próximas de los almohades. El monarca de aquel entonces, Sancho III, hizo un llamamiento a los magnates y señores de los distintos reinos y señoríos cristianos para que colaboraran en su mantenimiento y defensa. Acudió tan sólo un ministro del Señor, fray Raimundo Serra, abad del monasterio de Fitero; lo hizo, en principio, para que este monarca confirmase los privilegios otorgados por Alfonso VII a su monasterio. Llegado a la corte de Toledo se enteró de la petición desesperada del monarca ante la inminente amenaza almohade y animado por su compañero, fray Diego Velázquez, que antes de realizar los votos sagrados había sido un notable guerrero, se ofreció al rey castellano para defender la plaza. Concedido este arriesgado privilegio, el antiguo soldado y el abad reunieron un ejército que se aprestó a defender Calatrava la Vieja y, a la vista del éxito obtenido en su defensa, decidió crear una orden religioso-militar, la más antigua de las creadas en España (las otras son las de Santiago, Alcántara y Montesa), bajo las reglas de la Orden del Císter, integrada por religiosos y caballeros: la Orden de Calatrava. Sus constituciones serían aprobadas por el Papa Alejandro III en el año 1164. La rama femenina de la Orden sería fundada en el año 1219 y era requisito exigido para ingresar en la misma, que las candidatas aportaran pruebas de pertenecer a la nobleza.

Trayectoria histórica del convento de las Calatravas

Las primeras religiosas de esta orden, denominadas comendadoras, procedían del monasterio de Almonacid de Zorita (Guadalajara) y llegaron a Madrid en 1623, una vez conseguida la autorización del antedicho monarca. Hasta la construcción de su sede definitiva habitaron en distintas casas situadas en las calles de Santa Isabel, primero, y de Atocha, después.

La escritura de fundación estableció como condición para el otorgamiento de la construcción del convento e iglesia a los maestros de obras Gregorio Garrote e Isidro Martínez, que siguieran las trazas dadas por el arquitecto fray Lorenzo de San Nicolás *.

Las obras de construcción discurrieron con rapidez inusitada, pues iniciadas en el mismo año 1670, estaban concluidas en 1678, llegando a supervisar la dirección de las mismas, en sus primeros años, el anciano fray Lorenzo, quien llegó a ver las obras conclusas.

El convento experimentó una renovación y reforma en su fachada en el año 1858 promovida por el rey consorte de Isabel II, D. Francisco de Borbón, que fue ejecutada bajo la dirección del arquitecto Juan de Madrazo y Kuntz en estilo neorrenacimiento. Tras la Gloriosa, revolución que derrocó a la referida monarca en 1868, el convento fue demolido en 1872. Dos años antes el templo se salvó de este mismo destino gracias a la defensa que sobre el mismo realizó el general Prim, asesinado ese mismo año (1870).

Visita al templo

Situados en el número 25 actual de la calle de Alcalá, hemos de elevar la vista para tener una visión de conjunto de su fachada (foto 4). Es fácil advertir que la misma se corresponde con el lado del evangelio (lateral izquierdo) del templo. También advertimos la inexistencia de torres, lo que hace resaltar el protagonismo de su gran cúpula (foto 5), cuyo tambor es de forma octogonal y muestra, de forma alternada ventanas rectangulares huecas y ciegas, de molduras lisas. Así, constatamos la gradación de ensanchamiento que se produce desde el punto culminante, el chapitel, descendiendo por la linterna, hacia la cúpula encamonada, el tambor, los muros del crucero, y las fachadas de las naves, a modo de contrafuertes sustentadores de la gran cúpula.

La fachada de las Calatravas se construyó en mampostería y verdugadas de ladrillo, que actualmente no se muestran a la vista a consecuencia, como ya indicamos, de la reforma efectuada por el arquitecto neomedievalista Juan de Madrazo y Kuntz (Madrid, 1829-1880), seguidor de la corriente restauradora inaugurada por el arquitecto francés Viollet-le-Duc. Madrazo revocó toda la fachada dotándole de un vistoso color almagre, y adornando la parte inferior de la fachada con un esgrafiado en forma de despiece de sillares en los cuales entrelazó círculos que contienen las cruces de las órdenes militares españolas. Asimismo abrió un rosetón en la fachada del crucero meridional, bajo el frontón triangular, insertando una cruz calada de Calatrava.

La fachada muestra dos puertas, una situada en el extremo del crucero del evangelio, y la otra, menor de tamaño y la utilizada habitualmente, se correspondería con la segunda capilla del evangelio. Ambas puertas están cobijadas por arcos de medio punto que amparan tímpano semicircular y portada adintelada. La portada del crucero está culminada por una hornacina con una pequeña imagen de la Inmaculada realizada en estuco por Sabino de Medina. En el segundo cuerpo de esta parte de la fachada aparecen dos hornacinas mayores que la anteriormente referida con las esculturas de los fundadores de la orden de Calatrava: San Raimundo de Fitero, obra del artista gallego Andrés Rodríguez, y San Diego de Velázquez, del escultor madrileño José Pagnuci.

Nos disponemos a acceder al templo, pero no sin antes echar un vistazo a la esplendorosa cerrajería que asegura la portada de la cancela. Destacan sobremanera su cerradura (foto 6), de filigranas barrocas, y culminada por el escudo de Castilla y León (foto 6). En el mismo resalta la cartela con el nombre del cerrajero y la fecha de elaboración de estos elementos: “Joseph Maiol me fecit. AÑO 1686

Magnífico interior espacial barroco

Y accedemos por fin al templo. Lo hacemos, como ya indicamos, por el lado del evangelio, e inmediatamente advertimos que nos hallamos en un templo de planta de cruz latina, con crucero, cúpula, capillas laterales y nave única con bóveda de cañón con lunetos (foto 7).

La nave principal dispone de tres capillas a cada lado, si bien ya hemos visto que la segunda del evangelio es la que se utiliza como acceso al templo. A las capillas se accede a través de arcos de medio punto (foto 8) asentados sobre basamento granítico labrado en molduras siguiendo la figura de las pilastras cajeadas, las cuales rematan en el típico capitel del hermano Bautista, compuesto de ovas, hojas de acanto y festones (foto 10). Asimismo resaltan con contundencia los grandes ventanales sobre las capillas cerradas con grandes rejerías a modo de jaulas.

Vayamos por partes

Situándonos pues en el testero de los pies de la nave, seguiremos el recorrido por la parte de la epístola, la zona derecha de la iglesia. Y encontrándonos bajo el coro, el primer elemento que destaca es un crucificado realizado en el siglo XIX bajo la advocación de Cristo de la Esperanza (foto 10), de autoría no concretada que muestra un suave diseño y expresión serena, aún próximo a modelos del neoclasicismo.

La primera capilla del lado del evangelio se corresponde con la de San Francisco de Paula, de la que no ofrecemos imagen al impedirlo el gran reflejo que originaba el cristal que lo cubre, ya que dicho retablo está compuesto a modo de escaparate y dotado de gran teatralidad. Muestra a San Francisco, en talla del siglo XVIII, en su celda, cuando recibió la visión milagrosa que le inspiró el lema de su orden: “charitas”.

En esta misma capilla, con motivo de la restauración han aparecido en su pared norte un diseño o plano (foto 11) que muestra un corte transversal del templo que se estaba edificando, posiblemente realizado por el propio fray Lorenzo de San Nicolás.

La siguiente capilla sirve de paso a la sacristía y en la misma encontramos dos retablos del siglo XIX. El primero, sito en la pared este (foto 12) muestra una imagen contemporánea de San Pancracio situado en hornacina de arco de medio punto la cual está englobada en retablo de madera dorada del siglo XIX.

La pared oeste de esta capilla muestra un retablo de madera que imita mármoles, también del siglo XIX y de un solo cuerpo y calle, con hornacina con imagen de la Virgen del Pilar (foto 13).

 

A continuación, accedemos a la capilla de la Virgen de Montserrat. Esta advocación proviene del desaparecido Hospital de la Corona de Aragón, sito en la Plaza de Antón Martín, donde también se veneraban la Virgen del Pilar (que representaba a Aragón), la Virgen de los Desamparados (por el reino de Valencia). El retablo (foto 15) es barroco del siglo XVIII, reelaborado en el XIX. Dorado, y constando de banco, un solo cuerpo y tres calles, el central está flanqueado por columnas salomónicas con sus fustes adornados de racimos de uvas, y alberga la imagen contemporánea en hornacina de la virgen montserratina. Las calles laterales ostentan hornacinas algo más pequeñas con imágenes del siglo XIX de San Jorge y de Santa Eulalia.

En el testero norte del crucero hallamos la puerta de acceso principal a la Sacristía (foto 16). Muestra las características “orejeras” de fines del siglo XVII, pero su elemento más destacado es el magnífico escudo real de estilo rococó que lo culmina, sustentado a ambos lados por ángeles tenantes, a cuyos pies se hallan dos leones con orbes entre sus patas delanteras, símbolo de la monarquía española. A pesar de su carácter netamente barroco, este magnífico escudo se realizó durante la reforma del templo en el siglo XIX, dirigida por Madrazo y Kuntz.

En esta misma pared, y a la izquierda de la puerta, podemos contemplar en sencillo retablo-hornacina de madera dorado de pilastras bicajeadas con capiteles de hoja de acanto y culminado por veneras y cruz, una magnífica talla de San José con el Niño Jesús, con dos pequeños querubines a sus pies entre nubes (foto 16). Datado a mediados del siglo XVIII, se atribuye a la escuela del vallisoletano Luis Salvador Carmona.

Seguidamente, nos encontramos con el machón oblicuo norte del crucero, en el que hallamos un notable retablo de la escuela churrigueresca, ejecutado en 1727 por el escultor asturiano Juan de Villanueva y Bardales (1681-1765). Elaborado en madera dorada (foto 18) es un retablo constituido por banco, un solo cuerpo y una calle con hornacina, flaqueado por dos columnas de fuste estriado con guirnaldas y capiteles compuestos, coronado con frontón mixtilíneo, con florones a ambos lados. La hornacina central contiene imagen de la Virgen Dolorosa, vestida de luto, del siglo XIX.

Cruzando ante el retablo mayor, sobre el que volveremos después, nos hallamos con el machón suroeste del crucero, opuesto al anterior, el cual exhibe un retablo idéntico al anterior y obra también de Villanueva y Bardales, y elaborado a la par, en cuya hornacina central (foto 19) podemos observar una imagen tallada de la Inmaculada, elaborada en el siglo XIX.

Abandonando el crucero y dirigiéndonos hacia los pies del templo, la primera capilla que alcanzamos es la de Santa Rita de Casia (foto 10). El retablo barroco es de madera dorada, tallado con minuciosidad en sus detalles ornamentales. Del siglo XVIII, se compone de banco, un cuerpo, tres calles y ático. Las dos calles laterales, de diseño cóncavo, contienen sendas pinturas representando a San Benito y a San Bernardo, también del siglo XVIII. La calle central está presidido, en diáfana hornacina, por la magnífica imagen de vestir de Santa Rita, elaborada en el siglo XVIII, y que procede del desaparecido convento agustino de San Felipe el Real.

Tras dejar atrás esta capilla y pasar frente a la puerta por la que accedimos al templo, llegamos a la capilla de San Antonio de Padua (foto 20). El retablo, de madera dorada, y con estucos que imitan mármol es discreto dentro de su barroquismo en su configuración convexa, con banco, un cuerpo y ático, con delgadas columnas corintias que sirven de marco a la gran hornacina que cobija la imagen del santo portugués. Ésta es una magnífica escultura obra del vallisoletano de Nava del Rey, Luis Salvador Carmona (1708-1767).

Una fantástica máquina barroca

Hemos preferido dejar para el final la descripción del elemento mueble más impresionante, fastuoso y de mayor calidad artística que cobija el templo actualmente, como es su retablo mayor (foto 21). Fue encargado en 1720 por la orden de Calatrava al gran arquitecto y entallador José Benito de Churriguera (Madrid, 1665-1725), realizándose en apenas tres años, entre 1721 y 1724; en este último año, consta que ya estaba dorado y policromado. Fue la última obra del gran artista ya que falleció en 1725, un año después de su finalización.

Observando el retablo, podemos ver que está construido en madera dorada y policromada, y se compone de banco, cuerpo principal, y ático.

El banco tiene un notable desarrollo en altura, y en la calle central muestra un escalonamiento que culmina en un arco de medio punto, rematado por frontón curvo con óculo con enmarcamiento rococó a modo de relicario. Bajo este arco de medio punto se encuentra el tabernáculo o manifestador (foto 22), con forma de templete centralizado y compuesto por ocho columnas pareadas de orden compuesto, con fustes acanalados ornados de guirnaldas que sustentan entablamento, doble tambor octogonal, el superior de menor tamaño, y cúpula hemisférica.

La gran calle central del retablo muestra un desarrollo cóncavo en altura, a modo de medio cilindro, estando flanqueada por dos pares de grandes columnas también de capitel compuesto y fustes acanalados con guirnaldas vegetales y panoplias militares.

Sobre el frontón curvo que culmina el manifestador podemos contemplar la escultura en bulto redondo de San Raimundo de Fitero (foto 23). Aparece ataviado no en su papel de abad, sino como guerrero fundador de la orden religioso-militar de Calatrava. Así, aparece con media armadura, integrada por peto con la cruz de Calatrava, espaldar, faldellín, yelmo con largas plumas, bastón de mando, y medias botas de campaña, a la usanza de las utilizadas en las postrimerías del siglo XVII, comienzos del XVIIII.

El ático del retablo presenta una estructura de bóveda de cascarón, resaltando en su parte inferior un arco de medio punto que cobija escultura de la Inmaculada Concepción, titular del templo (foto 24).

La parte superior del ático del retablo está culminada por la imagen en bulto redondo de el Salvador (foto 25), Cristo en acto de bendecir al mundo con la mano derecha, sujetando el orbe con la izquierda y vestido de túnica roja y manto azul, orlados de oro.

Una hermosa cúpula

Se alza en la intersección del transepto y de la nave principal (foto 26). Rematando la cúpula se observa la linterna, que exteriormente sustenta chapitel, orbe y cruz de forja; su función en el interior es facilitar la entrada de luz. La bóveda de la cúpula, hemisférica, se sustenta por medio de parejas de pilastras que finalizan en el anillo inferior de la linterna, la base de estas pilastras apoyan directamente sobre el tambor que muestra ventanas abiertas y ciegas para favorecer la iluminación del crucero, con pares de pilastras cajeadas entre ellas, cuyos capiteles sustentan el anillo de la cúpula propiamente dicha, sustentado por parejas de canecillos. A su vez, el tambor apoya a su vez sobre otro anillo, sustentado por parejas de ménsulas, tan características del barroco madrileño. Y este anillo se apoya, a su vez sobre las pechinas, elementos arquitectónicos que facilitan la transición de un espacio circular a otro cuadrangular.

Son cuatro las pechinas que sustentan la gran cúpula de las Calatravas, y las mismas aparecen decoradas con pinturas del siglo XVIII, que representan los siguientes motivos: San Benito de Nursia (foto 28), fundador del monacato occidental con la creación de la abadía de Montecassino, siendo conocidos sus miembros como benedictinos; San Bernardo de Claraval (foto 28), reformador de los benedictinos con la creación de la orden del Císter; posible representación de San Diego Velázquez (foto 29), cofundador de la orden Calatrava con San Raimundo de Fitero; aprobación de la regla de la orden de los calatravos por el papa Alejandro III en el año 1164 (foto 30).

Despedida

Tenemos la ocasión, antes de abandonar el templo, de entrar en la sacristía, donde podemos volver a ver la huella del principal responsable de la cerrajería del templo en el siglo XVII, José Payol (foto 31) en los herrajes de la puerta de la sacristía, con su firma ya conocida “Jose Paiol, me fecit AÑO 1686”.

 

 

Fotografías (salvo indicación en otro sentido): Mario Cachero.

 

 

 

 

 

Agradecimiento

LA GATERA DE LA VILLA, desea expresar su agradecimiento al párroco, sacerdotes y sacristán del templo parroquial de la Concepción Real de Calatrava por las facilidades otorgadas a la hora de realizar este reportaje.

Bibliografía

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  • .-RUIBAL, Amador (1993) Castillos de Ciudad Real Ediciones Lancia.
  • .-SOBRINO GONZÁLEZ, Miguel (2010) Catedrales. Las biografías desconocidas de los grandes templos de España”.

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Autor del artículo

Julio Real

Comentarios

Antonio J. Díaz(hace 4 años)

La atribución del S. Antonio de Padua a Salvador Carmona está por fin restituida a Juan Pascual de Mena, según mi artículo DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio José:
"El san Antonio de Padua de las Calatravas
de Madrid, obra del escultor académico
Juan Pascual de Mena", en Anales del Instituto de Estudios Madrileños LIII (2013) pp. 277-289.
Consulta en www.iemadrid.es
Gracias por trabajos como el suyo.

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