José Escudero: "odio Madrid"

José Escudero Ramos, fotógrafo desde los siete años, se considera más bien de campo. Al menos en este momento. “Yo odio Madrid”, dice como si fuera la gran confidencia de su vida. Y matiza, “descubres en la sierra lo pequeña que es la ciudad”. Pese a ser un gran amante de la naturaleza su desapego por nuestra capital no es tanto como parece, dice que le gusta ser consciente de dónde está y disfrutar de donde vive, así que su animadversión se apacigua y asegura tener unos cuantos rincones favoritos en la ciudad en la que nació. Claro que entre ellos destacan las zonas verdes, “perderte por cualquier senda de la Casa de Campo es mágico”.

Cuando José aún era un crío, su padre le regaló una cámara de fotos. Bueno, en realidad regaló una a cada hermano. Los fines de semana salían de excursión al Escorial, Aranjuez o incluso simplemente de paseo por el barrio y fotografiaban cuanto veían. Como parte de la ceremonia, el lunes los carretes eran enviados a revelar y a los tres o cuatro días llegaban los ansiados sobres. Entonces tenía lugar el tan esperado concurso: ¿quién sería esta vez el mejor de la semana? Y así es como nació poco a poco este amor. Desde entonces nuestro entrevistado no ha tenido a bien despegar sus manos de una cámara. Según él mismo asegura, fue mirando como aprendió a mirar y así ahora nos obsequia con estupendas imágenes que ha recogido ya en varios libros y exposiciones.

Tras un año de misionero en la Selva de Quintana Roo, México, el retorno al hogar se le hizo extraño: “cuando volví a Madrid me encontré con que no me gustaba nada lo que veía… el consumismo, el ocio”. Después del encuentro con los indígenas, la capital le resultaba extremadamente superficial. De algún modo se dio cuenta en aquel momento de que la fotografía también podía ser un medio de ganarse el pan. Así que pronto volvió a montar el petate y puso su horizonte de nuevo lejos de nuestras fronteras. Esta vez rumbo a Nueva York. Allí pasó dos años que califica de inspiradores y energéticos. Tan creativos resultaron que aún guarda ideas para trabajos futuros.

De vuelta a casa una vez más, cayó en sus manos un libro de leyendas y decidió inmortalizar rincones y escenas que de algún modo las retrataban. A ojos de cualquiera no es sencillo representar aquello que ya no existe o que incluso jamás tuvo presencia, no obstante para nuestro protagonista no resultó tan complicado. Lo cierto es que el haber colaborado regularmente en libros de texto le supuso un aprendizaje para resolver esos problemas: “aprendí a ver la belleza de una papelera, a darle vida a una señal…” dice con una sonrisa. Eso sí, no sería hasta unos años más tarde cuando retomaría el tema en forma de libro. Dar los primeros pasos no fue tan fácil. La idea gráfica surgía sola o incluso existía ya; ahora bien, las palabras eran más reticentes a brotar. Sin embargo este primer volumen, Historias, curiosidades y algunas leyendas del antiguo y del moderno Madrid, marca ya el estilo de sus siguientes trabajos con la editorial La Librería: la imagen como protagonista indiscutible acompañada de textos breves en castellano e inglés que le dan un sentido específico a cada figura. Pasito a paso ha cogido confianza en su propia retórica, tanto que ha habido un segundo, un tercer libro y anda preparando el cuarto. En Cocinando la Historia se alejaba de las leyendas para adentrarse en un sabroso recorrido por curiosidades gastronómicas, lo que supuso todo un homenaje a su padre. Con el tercero vuelve a lo inexplicable. Misterios y enigmas de Madrid pone de nuevo la vista en lo legendario, en blanco y negro como el primero, ahora con mucha más soltura de su autor, cuyos textos se van extendiendo notablemente.

Pero no sólo de libros vive el fotógrafo. Al menos no éste, que reparte sus energías también en otros muchos asuntos. Con su proyecto Identidades pretende plantear quiénes somos en base a cómo nos vemos nosotros mismos y a cómo nos ven los demás. Cómo juzgamos por los ojos, cómo damos por hecho que sabemos a quién tenemos ante nosotros sólo por su apariencia. En sus palabras, “cómo nos vemos según nuestro aspecto, nuestro peinado, la imagen que damos…”. La idea surgió cuando, después de haber tenido el pelo largo durante mucho tiempo, se rapó al cero. La vulnerabilidad que sintió le hizo reflexionar y durante tres meses colgó cada día en su Facebook un autorretrato caracterizado de distintos modos, desde un árabe, hasta un bombero pasando por casi cualquier personaje imaginable. Cuando tuvo un buen puñado de reflejos diversos de sí mismo, se decidió a elaborar un breve ensayo sobre la identidad.

Otra de sus ideas gira en torno a cómo unas personas son ángeles para otras, como cada uno de nosotros podemos ser ángeles para los demás. Lo explica de este modo: “cuando estás con una preocupación, con la mente bloqueada por cualquier motivo y de repente hay algo, alguien que te mira, te sonríe… vas por el metro entre toda la masa y hay alguien que sobresale y te sonríe… te cambia el día: estás alegre y con otra energía”. Éste es para él un libro sin fin, al igual que Razones para vivir. De nuevo las redes sociales y los amigos fueron sus aliados. En este caso preguntó cuáles eran las razones que tenían para ser felices y a cada respuesta, a cada motivo, le asignó una instantánea realizada por él y una frase célebre. Toda esa labor pretende publicarla en forma de libro aunque de momento ya hizo una exposición con una selección de 22 imágenes en el Palacio ducal de Medinaceli y una muestra audiovisual para una asociación de enfermos de Lupus. Que nadie piense que el tema termina ahí porque con él quiere cerrar un círculo de positivismo de modo que el dinero recaudado por este futuro libro se destine a ONGs. Y es que para José todo es energía que circula, que va de unos a otros, rebotando como luz en los espejos.

Con la mirada puesta en el futuro va terminando su café. Supongo que ya se han dado cuenta de que José nunca deja de trabajar. Por eso nos confiesa que está trabajando en su cuarta publicación para La Librería. A pesar de no desvelarnos su contenido, sí nos permite una pista: “es el final para mucha gente… para todos”. Nos deja con la intriga: ¿qué será?

Fotografías por José Escudero.

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Elvira Martínez

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