Otro Marco Polo de la Meseta

Nuestro viajero nació en Olmeda de las Fuentes, pueblo entonces llamado Olmeda de la Cebolla, en 1564, y fue uno de los muchos sacerdotes que la Compañía de Jesús mandó a los rincones más insospechados del planeta a predicar la religión católica. En 1589 se embarcó para la ciudad de Goa, una de las posesiones de los portugueses en la India[1] (España y Portugal estaban unificados desde 1580 y lo estarían hasta 1640), y le fue encomendada la tarea de volver hacia el oeste para alcanzar Etiopía, lugar donde los portugueses habían hecho tentativas de establecer presencia militar y religiosa desde el año 1541.

La diplomacia lusa, y la europea en general, tenía intereses en contactar con la monarquía etíope, que profesaba la fé cristiana desde antes incluso que muchas naciones de la propia Europa. Estos reyes cristianos de oriente, asociados con la figura del mítico Preste Juan, podían ser en el contexto del siglo XVI unos nuevos aliados para contrarrestar al Islam, la gran religión rival. Aparte, estaba la motivación geográfica de explorar unas tierras en las que no se habían aventurado muchos europeos desde la época del Imperio. Los romanos habían hecho tentativas de remontar el Nilo, pero no consiguieron pasar de las ciénagas del actual Sudán del Sur.

La primera aventura de Páez no tuvo gran éxito, pues fue hecho prisionero por los musulmanes junto con otro jesuita llamado Antonio Montserrat. Sin embargo, de aquella derrota hicieron una victoria, pues supuso la ocasión de ir aprendiendo varios de los idiomas y dialectos que se hablaban en la zona del Yemen. Fueron además los primeros occidentales en probar el café, bebida que luego ha arraigado como pocas en los usos y costumbres de las tierras que parieron a Páez y Montserrat. Tras siete años de cautiverio, consiguieron volver con sus compañeros de la Compañía de Jesús, y en 1603 nuestro viajero consiguió llegar, por fin, a Abisinia.

En la milenaria corte etíope Páez se movió como pez en el agua, tal como hicieron otros viajeros de más fama en los palacios de los kanes. En 1613 alcanzó, por fin, el punto en el que nacía el Nilo Azul, una de las dos ramas que forman el gran cauce africano. La otra, el Nilo Blanco, viene de mucho más al sur, y ya fue tarea para los exploradores de los siglos siguientes. La hazaña de Páez, que murió en 1622, quedó sin conocimiento por parte de Europa durante mucho tiempo, probablemente por discrepancias entre los jesuitas de España y los de Portugal, pero se ha conservado su “Historia de Etiopía”, de la que disponemos en la actualidad por iniciativa de la Junta de Andalucía en el año 2009. Igualmente, el que quiera profundizar en la historia de los viajes de Páez, puede hacerlo gracias a George Bishop, que en 2002 los narró en “Viajes y andanzas de Pedro Páez, primer europeo en las fuentes del Nilo” (editorial Mensajero, de Bilbao).

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Autor del artículo

Juan Pedro Esteve García

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