De Cuatro Caminos al Top 40: ascensión, caída y ¿resurrección? de los tres Mecano.(III)

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5. Aidalai: fin de una época.

Los dos primeros LP de la era BMG-Ariola, Entre el cielo y el suelo y Descanso dominical constituyen, hasta la fecha, el periodo dorado de Mecano. Siguiendo el orden de los intervalos de dos años, el siguiente disco debería haber aparecido en 1990, pero los esfuerzos de promoción en Italia y en Francia, así como los primeros signos de desgaste de la convivencia, que ya habían tenido que ser desmentidos por Joaquín Luqui en un programa radiofónico de 1989, retrasaron la publicación hasta el 14 de junio de 1991.

El nuevo disco se llamó Aidalai, como modificación del estribillo de una de las canciones, dedicada al Dalai Lama. Las cosas estaban cambiando, y Nacho había cambiado desde 1990 su aspecto de miembro díscolo, mujeriego y extravagante del triunvirato para sufrir una crisis personal que le llevó a ser atraído por las religiones en general y por las religiones asiáticas en particular. Otro de sus temas del disco, JC, va de hecho dedicado a Jesucristo, y paulatinamente se fueron haciendo conocidas en la prensa sus simpatías por los independentistas tibetanos, como advertencia de muchas salvajadas del régimen de la República Popular China que entonces se sospechaban y que ahora son sobradamente conocidas, con un estado policial que bajo su fachada de juegos olímpicos y “desarrollo económico” oculta una siniestra realidad de explotación laboral cuasiesclavista y de campos de concentración, la red del laogai, que nada tienen que envidiar a los de los nazis o a los de los stalinistas[1].

Tema instrumental del álbum: 1917, dedicado a la Revolución de Octubre y que como los anteriores ha servido también de sintonía recurrente para el mundo de la radio. Tema social del álbum: El fallo positivo, dedicado a los estragos del SIDA y a prevenir la estigmatización de sus enfermos por parte de los fundamentalistas religiosos, que consideraban al virus como un arma de Dios para limpiar la sociedad de drogadictos y de homosexuales.

Con respecto a los temas de José María, destacaba Bailando Salsa, testimonio del enamoramiento definitivo que tuvo el compositor por América Latina. Naturaleza Muerta fue una canción compuesta en 1985 para Mocedades (y llegada a interpretar por este conjunto vasco), que ahora se incluía en Aidalai con la voz de Ana.

El espíritu de Aidalai como fin de era queda sellado por la melancólica canción El uno, el dos, el tres, en la que José hace referencias más que evidentes a los procesos de desgaste del grupo y a su posible disolución, de manera un poco equivalente a lo que pasó en los años finales de ABBA con el tema All is said and done. Estas dosis de melancolía y de pesimismo volvió a repetirlas en una entrevista concedida al diario El País el 28 de julio.

Aun así, 1991 fue un gran año para Mecano, en el que aparte de disco hubo una importante gira, el Tour 91. Los primeros momentos del año 1992 se vivieron en TVE, tras las campanadas de rigor, con una actuación mecanera en el recinto sevillano de la que iba a ser la futura Expo. Para exprimir al máximo a los tres madrileños, hubo un Tour 92 que tuvo como patrocinadora a la fábrica de coches Renault, que llegó a producir una variante de su automóvil Clío decorada con los motivos del álbum Aidalai. Se llego a vender ese coche en tres colores: blanco, negro y rojo, y la gira finalizó en la ciudad de Valladolid, el 29 de septiembre de 1992[2]. Ha sido, hasta la fecha, el último concierto de grandes dimensiones ofrecido por la banda.

Con respecto a Madrid, el último concierto ofrecido por el trío en su ciudad natal tuvo lugar en la Plaza de Toros de Las Ventas, el 17 de septiembre, con la voz de Ana casi destrozada por una laringitis. La sobreexplotación a la que habían sido sometidos la cantante, los dos músicos, las coristas y los técnicos a lo largo de 1992 dejó agotados a todos, y el parón que había que hacer para intentar volver a poner algo de orden tenía que ser, por fuerza, largo.

AIDALAI (1991). Listado de canciones.

1. El Fallo Positivo (4:00) (N)

2. El Uno, El Dos, El Tres (4:41) (J)

3. Bailando Salsa (4:08) (J)

4. El 7 De Septiembre (5:02) (N)

5. Naturaleza Muerta (5:02) (1985) (J)

6.1917 (Instrumental) (4:12) (N)

7. Una Rosa Es Una Rosa (4:48) (J)

8. El Lago Artificial (3:53) (N)

9. Tú (4:10) (J)

10. Dalai Lama (5:29) (N)

11. El Peón Del Rey De Negras (4:49) (J)

12. J.C (4:20) (N)

13. Sentía (3:28) (J)

6. Años de resaca.

A la finalización del Tour 92, los componentes de la banda anunciaron un descanso que debería durar hasta 1995, en el que se retirarían a la ciudad de Nueva York para huir del acoso de la prensa más sensacionalista y para poder preparar el cuarto disco. Sin embargo, todo lo que rodeaba a Mecano estaba envuelto en una sensación de que había finalizado una época y que en la nueva no se sabía muy bien qué iba a pasar. España tampoco era la misma de los 80, y el propio machaque de bombo y platillo que se había puesto por parte de todas las administraciones públicas en la obsesión por celebrar grandes fastos para el año 1992 (Juegos Olímpicos de Barcelona, Capitalidad Europea de la Cultura de Madrid, EXPO 92 de Sevilla, Enclave 92 de Extremadura) aun teniendo efectos positivos como la modernización de las infraestructuras de carreteras y vías férreas, tuvo efectos negativos, al haber una actitud de nuevorriquismo, de considerarnos un país de primerísima fila. Los soplos de aire fresco que había traído la década de los 80 pasaron a su vez a ser considerados obsoletos, y se produjeron algunos fenómenos curiosos en la escena musical. El “bakalao” imparable con su chunda-chunda-chunda. Grupos que se autobautizaban como “independientes” por no haber fichado para ninguna discográfica de las “grandes”, aunque luego actuaran patrocinados por capitalistas mucho más grandes que los del disco (caso de las fábricas de refrescos).

En medio de todo este berenjenal, una mañana del otoño de 1994 las calles de Madrid aparecieron empapeladas con unos misteriosos carteles que avisaban de que a partir de determinada fecha, el mundo iba a estar “separado por el mismo Dios”. “Debe de ser alguna secta” comentaba la atónita gente al verlos. Al comenzar el mes de noviembre llegó la explicación al enigma, que no era otra cosa que el primer vuelo en solitario de uno de los componentes de Mecano. Nacho presentó, en el antiguo Museo de Arte Contemporáneo de la Ciudad Universitaria (actual Museo del Traje) un disco llamado Un mundo separado por el mismo Dios. “Este hombre se ha vuelto majara” fue la reacción de gran parte de sus antiguos fans, no sin razón. Aquello no había por donde pillarlo. Delirios místicos, intentos de aproximación al buen rollo alternativo que bordeaban el manuchaísmo o la caridad del Domund, episodios de transversalidad ecuménica neohippy y cosas por el estilo. De aquel disco, y de alguno más que llegó a sacar con otras temáticas, hubo gente (los menos) que afirmaba que era la obra de un genio incomprendido, y hubo gente (los más) que afirmaba que aquello era un disparate mayúsculo. Hay que reconocer que de la aventura de Nacho en solitario son salvables las colaboraciones del siguiente disco hechas con la voz de Mercedes Ferrer (precisamente las que más sonaban al Nacho de verdad, al de los buenos tiempos), pero en general, la experiencia (que se publicó en el catálogo de la discográfica Virgin) dejó un mal sabor entre la crítica musical y el público, aparte de alimentar mil comentarios sobre si estaba peligrando seriamente la salud mental del compositor. Se sabía que en tiempos había coqueteado con las drogas (finalmente supo salirse a tiempo, y por eso sigue vivo), y se temía que las excentricidades de estos años fueran consecuencia de aquellos abusos pasados.

Todo esto no quita que algunas críticas que se le hicieran por estos desfases se pasaran a su vez varios pueblos, como el reportaje que le dedicó la revista de humor underground Mondo Brutto.

Más suerte tuvo el primer CD de Ana, denominado Puntos Cardinales y aparecido en 1997, cuando ya había indicios de una posible reagrupación de Mecano. Este disco contó con colaboradores de altura, como Txetxo Bengoetxea, y Ana inició cierta maduración que la fue llevando a pasar de simple vocalista a letrista de algunas de las canciones. En la evolución que tuvo la trayectoria de Ana Torroja en los últimos años del siglo XX y primeros del XXI hubo que destacar sus duetos con Miguel Bosé, personaje muy vinculado al mundo Mecano por ser, como los hermanos Nacho y José, un madrileño con raíces extremeñas. En la localidad de Almendral (Badajoz) empezó a funcionar un equivalente a los Paradores de Turismo del Estado surgido como empresa de Bosé, Nacho y uno de los componentes de La Unión.

Otra colaboración personal de Ana, ya más posterior, fue con el cantante mexicano Aleks Syntek[3], que fue criticada a ambos lados del Atlántico, pues el tal Syntek fue visto como un advenedizo que quería aprovecharse de la fama previa de Ana para catapultar su propia carrera en el mundo del espectáculo. En la actualidad la letrista que ha aportado un rejuvenecimiento sustancial a la actividad de Ana para la década del 2010 es la navarra Airam Etxániz.

Quedaba por levantar el vuelo el tercer Mecano. José ya venía haciendo acercamientos al mundo de la música clásica desde 1991, año en que había iniciado sus colaboraciones con Montserrat Caballé, pero ahora iba a embarcarse en una aventura que iba a poner a prueba su propia estabilidad emocional y su capacidad como músico, y que ¿inesperadamente? acabaría poniendo a prueba la credibilidad de muchos sectores de la prensa, de la política y de los negocios culturales de la España de los años 90.

Como habíamos citado, en aquellos meses triunfales de Exposiciones Universales y de Juegos Olímpicos, los españoles nos acabamos creyendo que vivíamos en un país situado a la vanguardia de Europa en nivel económico y cultural. Los años de la boina y el botijo parecían sepultados en el olvido, y el mismo Antonio Mercero que tiempo atrás había creado para Televisión Española la serie Crónicas de un pueblo para ilustrar a la gente en las ventajas del Fuero de los Españoles de la dictadura, ahora ofrecía a Antena 3 otra serie, Farmacia de Guardia, en la que los jóvenes concienciados, ejemplo del nuevo español medio, salían a las calles a defender a los inmigrantes subsaharianos de los malvados skinheads. España era ahora el lugar más moderno del mundo, más tolerante del mundo y más democrático del mundo. Y así nos lo llegamos a creer.

Que un compositor de música pop hiciera sus pinitos en el mundo de la música clásica teóricamente no tendría que haber supuesto ningún rasgado de vestiduras ni ningún crujir de las estructuras culturales de la nación. Paul Mc Cartney, de los Beatles, lo hizo con su Liverpool Oratorio, y por haber hasta hay músicos de heavy metal, que a pesar de su apariencia ruda, esconden bajo sus chupas de cuero una formación procedente de los Conservatorios. La apariencia es eso, una apariencia exterior. Brian May, de la banda Queen, por poner otro ejemplo, une a su condición de músico la de doctor en astrofísica.

Pero ¡Ay!, la gente sigue asociando “rockeros” con “desarrapados”. La corteza exterior de modernidad que se había dado al país en forma de autopistas de seis carriles, líneas de fax, nuevas cadenas de televisión, estadios olímpicos, óscares almodovarescos y nóbeles celianos escondía debajo de ella los viejos vicios nacionales que, lejos de desaparecer, permanecían agazapados a la espera de poder seguir soltando zarpazos de vez en cuando a algún despistado que pudiera pasar por allí.

Ocho palabras bastaron para que, durante unos meses, la corteza exterior se rompiera. Ocho palabras que empezaron a aparecer por los medios de comunicación: “José María Cano se propone componer una ópera”.

Probablemente el episodio de Farmacia de Guardia sobre el racismo tenga algo de razón. Los nuevos españoles, o por lo menos una parte de los nuevos españoles, no son racistas. Tampoco lo eran tanto los viejos españoles, y prueba de ello es que a día de hoy nuestras antiguas colonias americanas están llenas de mestizos de todas las combinaciones posibles. El problema de España no es ese. No son las razas ¡son las castas!. Ni siquiera se puede hablar de un clasismo a lo victoriano, porque tampoco existen, salvo en algunas áreas metropolitanas, burguesías con conciencia de tales, ni proletariados con conciencia de tales. En muchos estratos de la estructura de distribución del poder en España siguen vigentes mentalidades propias no ya del reinado de Fernando VII, sino directamente del feudalismo o de la India del siglo XVII. Un músico de uno de los compartimentos estancos de la cultura (el pop del siglo XX) quiere meterse en el compartimento estanco de otra casta (la ópera). ¡Vade retro, Satanás!.

La ópera se va a llamar Luna, y va a tomar elementos temáticos de la canción Hijo de la Luna de 1986. A José se le echan encima los ultratalibanes del pop y del rock, que le sentencian culpable de ser una especie de desertor que ha traicionado las esencias de su casta para hacer una música de “señoritos decadentes”. A José se le echan encima los ultratalibanes de la ópera, que le consideran un advenedizo que se atreve a profanar un cortijo cerrado que ha permanecido cerrado a los extraños durante siglos.

Luna no es la mejor ópera compuesta por un español. Luna tampoco es la peor ópera compuesta por un español. Es una ópera compuesta por un español, y ahí queda para la historia. El problema no es ese. El problema es la campaña que al unísono se lanza, de manera “espontánea”, desde ciertos templos de la presunta intelectualidad española. Por una vez, columnistas del ABC y columnistas de El País se ponen de acuerdo en una cosa, y es para convertir al ciudadano José María Cano, residente en la plaza del Callao de Madrid, poco menos que en el responsable de la muerte de Kennedy, de Manolete, de Prim y hasta del Conde de Villamediana.

José lanza un órdago. ¿Es posible representar Luna en el Teatro Real de Madrid?. Los sumos sacerdotes de la cultura hacen cincuenta mil juramentos en arameo.

A favor del ciudadano Cano se manifiestan:

-el secretario de Estado de Cultura del gobierno del presidente Aznar, Miguel Ángel Cortés[4]. Hay apoyos de los sectores del Partido Popular más próximos al presidente.

-los prestigiosos cantantes de ópera Ainhoa Arteta, Montserrat Caballé y Plácido Domingo.

En contra del ciudadano Cano se pronuncian:

-el director artístico del Real, Stephane Lissner. Es de nacionalidad francesa y se le considera afín al Partido Socialista.

-algunos sectores del Partido Popular próximos al presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón (futuro alcalde de la capital)

El espectáculo que dio la clase política madrileña con este asunto fue todavía más rocambolesco que el que había dado el estamento de los críticos musicales, y al final, los unos por los otros, el teatro sin barrer. A mediados de abril de 1998, sin embargo, se toleró en el Real un recital de Rocío Jurado con motivo de un homenaje a Federico García Lorca con motivo del centenario del nacimiento del dramaturgo. Nadie dijo ni “mu”. A los “clásicos”, les interesaba quedar bien con la figura de Lorca para que no les acusaran de poco “progres”, aunque fuera dejando actuar a una cantante no procedente de la casta de los elegidos. A los “modernos” les interesaba un homenaje a Lorca aunque fuera con una cantante procedente de la copla tradicional. A unos y a otros les interesaba quedar bien con “lo genuinamente andaluz”, que ya se sabe que se vende muy bien por ahí fuera y atrae mucho turista. Moncho Alpuente y el dúo Las Veneno supieron reírse como nadie de aquellos homenajes huecos en su espectáculo teatral Tú no tienes la culpa, Federico. Es bastante probable que el propio Federico también lo hiciera desde ultratumba.

Y José se tiene que llevar su Luna a la misma ciudad que le había apoyado cuando empezó su otra carrera, la de músico pop allá por 1981. Luna se estrenará en Valencia en 1998, en versión de concierto, con un elenco de voces internacionales y nacionales en el que destacarán Plácido Domingo, Teresa Berganza, Renée Fleming y Ainhoa Arteta. En el proyecto discográfico participó el productor Michael Haas, responsable también de una colección de discos dedicada a la música prohibida por los nazis[5].

También hubo broncas en la ciudad del Turia: décadas después, se volvía a repetir el boicot que había sufrido otro valenciano ilustre, el novelista Vicente Blasco Ibáñez, que fuera de España llegó a ser de enorme fama por sus Cuatro Jinetes del Apocalipsis, verdadero best-seller en América, pero que en nuestro país fue igualmente ninguneado por el establishment cultural más rancio, incluyendo muchos supuestos “modernos” que en el fondo envidiaban la enorme difusión que había tenido la obra de Blasco en el exterior.

Luna fue un triunfo parcial y una derrota parcial. Triunfo parcial porque consiguió distribuir un gran puñado de discos (125.000[6]) y resarcirse de las campañas de acoso y derribo que contra él se habían lanzado. Derrota parcial porque para poder pagar los honorarios de los músicos y cantantes, la actuación de Valencia y la publicación del disco había tenido que subastar, el 11 de noviembre de 1997[7], la colección de cuadros de pintura contemporánea que había ido reuniendo con los años, y que incluía obras de Antoni Tápies, Eduardo Arroyo y Miquel Barceló. Desencantado con las vendettas y cainismos de la vida cultural celtíbera, José abandonó España para bastantes años y fijó su residencia en Londres, en una casa que había pertenecido al escritor James Barrie, autor del popular cuento infantil Peter Pan.

De su actividad posterior cabe destacar la vuelta al pop con un disco del año 2000, en el que retomó en parte los ritmos latinos que empezó a explorar en 1991. Este proyecto denominado Josecano, todo junto, incluye desde loas a Salma Hayek hasta reflexiones sobre la mafia del boxeo o sobre el agotamiento de la dictadura de Fidel Castro. Un trabajo más que aceptable, sobre todo si tenemos en cuenta el desgaste psicológico al que le había sometido su aventura anterior.

 

Fotografías por Adrián González

Continuará...

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Autor del artículo

Juan Pedro Esteve García

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