La forza del destino, Verdi en Madrid

El Teatro Real de Madrid esta temporada estuvo extremadamente favorecido del público, y la razón para ello era, en primer lugar lo mucho que agradaba la prima dona de madame de Lagrange y después la venida a Madrid del compositor italiano Verdi para dirigir los ensayos de su ópera La forza del destino, cuya ópera [sic] se representó muchas veces con gran concurrencia. A mí me costó una butaca para ver su primera representación doscientos reales[1]

La mañana del sábado 10 de enero de 1863 llegaba a Madrid el compositor Giuseppe Verdi acompañado de su esposa, Giuseppina Strepponi. El motivo de su visita era dirigir los ensayos de su ópera “La fuerza del destino” – La forza del destino - en el Teatro Real, cuyo estreno estaba previsto para el 21 de ese mismo mes de enero.

El matrimonio se hospedó en el hostal Casa Nobile Castaldi, que estaba situado en el número 6 de la Plaza de Oriente y era residencia habitual de los artistas líricos que contrataba la empresa del Teatro Real.

Ni qué decir tiene que tanto los salones más aristocráticos o aquellos pertenecientes a la alta burguesía se disputaron desde el principio el poder contar con tan famoso artista entre los invitados a sus soirées; fueron numerosas las invitaciones que Verdi recibió para asistir a diversos actos sociales y fastuosos homenajes que querían tributarle sus más rendidos admiradores. Pero a diferencia de su estancia en San Petersburgo, donde Verdi había alternado en sociedad, en esta ocasión rechazó casi todas las invitaciones, una actitud que le valió la reputación de ser considerado como un hombre de carácter huraño y reservado. La verdad es que el maestro estaba plenamente centrado en los ensayos de su obra, además de atender la habitual correspondencia con empresarios,  editores y amigos, quienes le informaban, entre otras cuestiones, de los pormenores para la puesta en escena también de La forza en Roma, donde se estrenaría el 7 de febrero bajo  el título de “Don Alvaro”, sin obtener el éxito rotundo que había cosechado en otras ocasiones.

El libreto de la ópera estaba basada en el drama escrito por el duque de Rivas, “Don Álvaro o la fuerza  del sino”, que Verdi había calificado como “poderoso, singular, vastísimo y fuera de lo común” y sobre el que Piave, el libretista, había introducido algunas modificaciones. Estos cambios no fueron del agrado del duque de Rivas, y así se lo hizo saber, muy disgustado,  al propio Verdi durante uno de los ensayos.

El empresario del Teatro Real, Carlos Bagier, ha programado sagazmente varias representaciones de diversas óperas del italiano durante el tiempo que dura su estancia en Madrid.  Así el 14 de enero se pone en escena “Rigoleto”, con la presencia entre el público de la infanta doña Amalia y del propio compositor, que es llamado dos veces a saludar en escena. Una semana más tarde, el 21, lo hace  “Hernani”, siendo de nuevo requerido a escena el autor, que en esta ocasión no se encuentra presente;  la serie continúa: el 22 “Rigoletto”, el 24 “El trovador”, nuevamente “Rigoletto” el 28, el 2 de febrero “Un baile de máscaras”, “La Traviata” el 10, de nuevo “Rigoletto” el 11 y  otra vez “La Traviata” el 16.

También se ha lanzado el rumor de que Verdi compondrá una ópera sobre la novela “Salambó”, de Flaubert, para el Teatro Real,  encargo que no llegará a concretarse.

Mientras tanto, el 20 de febrero comienzan en casa del compositor los primeros ensayos de la obra con los cantantes. Estos son Anne Lagrange (soprano), Emilie de Méric-Lablache (contralto), Gaetano Fraschini  (tenor), Leone Giraldoni  (barítono),  Antonio Cotogni  (barítono) y Lucien Bouché (bajo).

En realidad los ensayos habían comenzado tiempo antes de que Verdi pisara Madrid, tal y como narra en sus memorias el escritor y político Emilio Gutiérrez Gamero: “Llegó la partitura con la anticipación conveniente, y tuve el gusto de oír cómo la descifraba el director de orquesta en su casa y ante un auditorio compuesto  de varios amigos, de la Lagrange y de Fraschini, que habían de interpretar los primeros papeles; ella, una tiple dramática, voz extensa, muy bien impostada, y además excelente actriz, y él, aunque algo frío, dueño de las notas altas, vibrantes y a la par emitidas sin el menor esfuerzo. Se repartieron las particellas; el maestro Espín entró en funciones; la orquesta empezó a estudiar los respectivos papeles, y todos trabajaron con entusiasmo al objeto de presentar al gran compositor italiano un conjunto que le dejara satisfecho y orgulloso de haber confiado  su obra a tan concienzudos artista”.

El director de la orquesta del Real era Juan Daniel Skoczdopole y el maestro de los coros Joaquín Espín y Guillén, padre de Julia Espín, cantante de ópera y amor imposible de Gustavo Adolfo Bécquer, a quien inspiró algunos de sus versos más inspirados.
A pesar de la ilusión y el empeño mostrados por los músicos los ensayos no convencen a Verdi, que tras el segundo ensayo escribe “Bien Lagrange, el resto es cero o malo”. Y no son sólo las capacidades vocales o interpretativas de los cantantes las que le disgustan; no le agrada la tupida barba que luce Fraschini, y reclamó con insistencia que se la afeitase, hasta que el tenor acabó accediendo.

El trabajo de Verdi se ve interrumpido ocasionalmente por algunos compromisos que resultan ineludibles. Uno de ellos ocurre el 7 de febrero, cuando la Sociedad de Conciertos [2] le nombra socio honorario - hecho que acepta gustoso - y otro cuando es invitado por el Conservatorio a comprobar “los adelantos que en dicho establecimiento se obtienen". Para que el compositor pueda verificarlos se celebra una fiesta lírica el 10 de febrero en el teatrito del conservatorio a la que asiste como invitado de honor. La función comienza a las ocho y media de la tarde y se extiende hasta las once y media de la noche. La velada principió con un himno, puesto en música por un alumno del Conservatorio sobre letra de Ventura de la Vega. El texto dice así:

    ¡Oh! ¡Dios de las artes!
    ¡Oh, númen del canto,
    que júbilo inspiras
    que mandas el llanto:
    tu vida es eterna;
    tu fuego inmortal!

    ¡Colgó para siempre
    su lira Rossini!
    ¡Murió Donizetti
    y el tierno Bellini!
    ¡Helóse en la tumba
    su voz celestial!

    Mas solo perece
    la mano que escribe:
    con forma diversa
    el genio revive,
    y brota en las almas
    que sienten su ardor.

    ¡Honor al MAESTRO!
    ¡Al genio que llena
    de rica armonía
    la lírica escena!
    ¡Al HUÉSPED ilustre
    rindamos honor!

De la reunión del domingo 8 de febrero en el palacio de la condesa de Montijo sí que logra zafarse, para decepción de muchos de los invitados a la velada, mientras que el concierto  que iba a dar en su obsequio la Sociedad de Conciertos el viernes 20 se tiene que suspender debido a una indisposición pasajera de Gaztambide.

Y es en ese mismo día del 20 de febrero, cuando tiene lugar el ensayo general con trajes y las decoraciones que Ferri había preparado y que fueron muy elogiadas. Verdi escribe al editor Ricordi: “Ayer se hizo el ensayo general. No muy bien, de modo que no se puede esperar éxito. Coros, orquesta y decoraciones óptimos, todo lo demás frustrante”.

Pero con La forza la máxima del teatro de que “un mal ensayo general significa un buen estreno” se va a cumplir, y cuando la obra sube por vez primera a  las tablas del Real, el sábado 21, con el propio autor dirigiendo la orquesta, es un grandísimo éxito. Once veces es requerido a escena el compositor, quien durante la representación, después del tercer acto, ha sido presentado a SS.MM. por Bagier.

Nadie en Madrid ha querido perderse el acontecimiento de la temporada y entre las personalidades presentes aquella noche se encuentran, entre otros, los reyes, el duque de Rivas, Pedro Antonio de Alarcón, Rosalía de Castro y Francisco Barbieri, quien ha intentado infructuosamente ponerse en contacto varias veces con Verdi desde que éste llegara a Madrid. Ha acudido a su domicilio, pero entonces el maestro se encontraba  ausente y aunque Barbieri ha dejado recado de su visita el italiano no ha hecho gesto alguno por contactar con él. También ha asistido a los ensayos de la ópera, pero sin conseguir ser presentado a Verdi. Aún hará un último intento y le envía su sincera felicitación por el éxito cosechado. No habrá respuesta.

Barbieri no olvidará el desaire sufrido y se lo hará pagar tres años más tarde al italiano. Verdi, que por entonces estaba componiendo “Don Carlos”  andaba buscando música popular española donde inspirarse para el ballet inserto en la ópera,  y alguien le aconsejó que se dirigiera a Barbieri, eminente musicólogo español.  Aprovechando la circunstancia de que Fraschini, amigo común de ambos, visitaría en breve Madrid Verdi le hizo el encargo de que se pusiera en contacto con Barbieri para solicitar su ayuda. Dicen que la venganza se sirve fría y la de Barbieri fue un témpano de hielo. Ante el requerimiento del tenor su respuesta fue: “Tengo la satisfacción de manifestar a Vd. amigo Fraschini, que poseo todo cuanto Verdi puede apetecer de este género, como ve Vd. aquí. Pero haga el favor de decirle que no me da la gana de facilitarle nada, pues cuando estuvo aquí hace tres años yo testimonié repetidamente mi entusiasmo hacia su labor artística; mas él no se dignó en tener una palabra de cortesía para un compositor, que si bien humilde, al fin y al cabo era un compañero de profesión[3]

Otro de los asistentes entre el público del estreno, Antonio Espina, - por entonces un niño de trece años, pero que con el paso de los años llegaría a ser académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina además de senador -, recordaría años después  “Fue una noche en la que diluvió y los asistentes al paraíso nos pusimos como chupa de dómine. La obra gustó mucho y fue muy bien interpretada”.

De "La fuerza del destino" se darán  trece  funciones más en la temporada, todas con el teatro lleno.

Pese a ello no goza del aplauso unánime y la obra recibe también críticas adversas, como la que publica “La Época” el 24 de febrero:  “En La forza d’il destino notamos cierta incertidumbre en el género que se propone seguir: navega á tientas, ya costeando, los escollos de la música del porvenir, iniciada con harta desgracia por Wagner en su Tanhauser y Loengrin, ya acercándose á la de Meyerbeer, ya queriendo entrar d lleno en el género de la ópera francesa; acordándose  mas de una vez de su primitiva manera de escribir y recordando finalmente de vez en cuando á su compatriota Donizetti […] El efecto que ha producido en el público la nueva obra de Verdi es vario: abrigamos la creencia de que lo producirá mucho mejor cuanto mas se oiga, sobre todo si se cortan escenas innecesarias y se aligeran otras sobrado pesadas. Es un consejo que nos atrevemos a dar de buena fe. Las óperas largas no agradan generalmente a nuestro público

Dos días después del estreno el matrimonio Verdi abandona Madrid para emprender una pequeña gira por el sur de España, aunque se dirigen en primer lugar a El Escorial para visitar el célebre monasterio mandado erigir por Felipe II. La impresión que el monumento causa en el italiano no es buena.  “El Escorial no me gusta (que se me perdone la blasfemia). Es un amontonamiento de mármol”, le escribió al conde Opprandino Arrivabene, quien fuera su corresponsal durante años. Desde El Escorial marchan a Toledo, para marchar luego a  Andalucía, llegando el 1 de marzo a Sevilla. Su periplo andaluz les lleva por Jerez, Cádiz, Málaga, Córdoba y Granada.

De vuelta a Madrid apenas se detienen unos días en la ciudad para preparar el regreso a Italia y el día trece, a las ocho de la tarde y tras haber presentado sus respetos y despedirse de la reina, los Verdi abandonan Madrid. Nunca regresarían  a esta ciudad.

Nota:

Verdi recibió por derechos de las representaciones de “La fuerza del destino” en San Petersburgo 80.000 francos, Bagier le pagó 15.000 francos y Ricordi, el editor, le dio 40.000 por poder dar la ópera en Italia.

Verdi. Obertura de La fuerza del destino (ed. 1862)

Bibliografía:

Libros:

  • “Arriba el telón”,  de Augusto Martínez Olmedilla
  • “Historia del Teatro Real”, de  JoaquínTurina Gómez
  • “Francisco Asenjo Barbieri: El hombre y el creador”, de Emilio Casares Rodicio
  • “La ópera en Sevilla en el siglo XIX”,  de Andrés Moreno Mengíbar

Prensa:

  • El Mundo del 10/01/2013
  • La época (febrero y marzo de 1863)
  • La Correspondencia de España (febrero y marzo de 1863)

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Autor del artículo

Pablo Jesús Aguilera Concepción

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