La torre de Alzapierna, ¿localizada?

En junio de 1990, durante la remodelación de la estación de Ópera, se encontraron en la plaza de Isabel II unos restos que fueron asociados inicialmente con la torre de Alzapierna, perteneciente a la muralla cristiana de Madrid. Se hizo entonces la preceptiva intervención arqueológica de urgencia, dirigida por Gregorio I. Yáñez, y lo que apresuradamente se había creído muralla y torre resultó ser «la cara externa de una estructura de gran envergadura destinada al suministro de agua», que se correspondía con el paredón y galería de servicio de la fuente de los Caños del Peral.

Años después, la intervención realizada en la plaza entre 2007 y 2011 recuperó diversos elementos urbanos de la hondonada allí existente en época medieval, extramuros de la puerta de Valnadú. Los de mayor entidad fueron la propia fuente de los Caños, la alcantarilla del Arenal y el acueducto de Amaniel. También salió a la luz la cimentación original de la estatua de Isabel II y unos restos de muro y habitación localizados en el denominado Sondeo 1, al suroeste de la plaza.

En los últimos meses de 2009 la prensa difundió la noticia de que allí se habían encontrado «restos de una muralla cristiana de los siglos XI y XII», situados «a unos seis metros de profundidad, cerca del centro de la plaza», en «un espacio relleno con echadizo y escombro entre el suelo de la plaza y el túnel del ferrocarril»; el supuesto «lienzo de la muralla» se alineaba «con una atalaya cuyos cimientos quedaron musealizados en el estacionamiento de la plaza de Oriente» y estaba formado por «un tramo de cuatro metros de anchura por siete de longitud y algo menos de un metro de altura compuesto de pedernal, argamasa y mampuesto.»

La noticia, plagada de vaguedades, fue pronto relegada a un discreto segundo plano, y el protagonismo quedó acaparado por los datos que se iban conociendo sobre la fuente, la alcantarilla y el acueducto. De hecho, en la propia Memoria de la intervención, redactada en 2011, no aparecía ya la menor referencia al supuesto hallazgo de estructuras defensivas en la plaza.

Sin embargo, no convendría descartar sin más la posibilidad de que aquella intervención arqueológica sí hubiera afectado a algún elemento de la vieja muralla cristiana de Madrid. Lo que se recuperó en el citado Sondeo 1 fue un lienzo de muro (u.e.18) con orientación suroeste-noreste, asentado sobre un cimiento con zarpa (u.e.22). Hacia el norte quedaba el terreno extramuros (u.e.34), pavimentado con grandes losas irregulares de granito. Y hacia el sur se conservaban restos de dos habitaciones (u.e.25-26-31), una de ellas solada con ladrillos cuadrangulares, delimitadas por muros de fábrica de ladrillo macizo unido con mortero de cal y de arena (u.e.27-28), con un pie derecho de granito (u.e.29) en el ángulo de ambos. La comunicación entre el espacio extramuros y las habitaciones se realizaba a través de un vano (u.e.21) perfilado con aparejo de ladrillo en la esquina interior y bloques escuadrados de granito en la exterior, añadidos ambos al muro; en la entrada había un escalón (u.e.23) construido con ladrillos cuadrangulares.

Lo más interesante de todo esto era el muro. Estaba construido con mampuestos irregulares, mayoritariamente de caliza y en menor proporción de pedernal y granito, recibidos con mortero de cal y arena; algunos de los más grandes se calzaban con ladrillo macizo. La longitud del lienzo era de 4 metros, con un espesor de 60 centímetros y una altura máxima conservada de 1,90 metros. El muro se apoyada sobre un cimiento de idéntica mampostería, con una altura mínima de un metro y una zarpa de 35 centímetros su la cara sureste.

A la vista de sus características y localización, este muro presenta peculiaridades de difícil justificación. Por una parte, la solidez de su fábrica de mampostería (y no de madera, tapial o fábrica de ladrillo) sugiere que la construcción correspondiera a un edificio singular y no a una vivienda, pero en esa exacta localización sólo conocemos la Casa del Pescado que allí se estableció en 1499 sobre una antigua tenería, a la que, por las circunstancias de su establecimiento, hay que imaginar como construcción humilde y sin pretensiones de perdurabilidad. Además, el muro se apoya en un cimiento de cierta potencia, un metro como mínimo, excesivo tratándose de arquitectura doméstica. Y, por último, la zarpa del cimiento no se dirige hacia la zona exterior del edificio, en la cara noroeste del muro, como sería de esperar, sino hacia el interior de la vivienda, circunstancia poco justificable desde el punto de vista constructivo.

Durante la elaboración de un estudio sobre la hondonada del Arenal tuvimos que encajar diversos planos de época y actuales sobre los de la propia intervención arqueológica, y se pudo comprobar que el muro hallado en el Sondeo 1 coincidía casi exactamente con la que habría sido pared sureste de la torre de Alzapierna, suponiéndola localizada en la posición que últimamente se le viene asignando (por ejemplo, en La Forma de la Villa de Madrid de 2004 y en Las Murallas Medievales de Madrid de 2008): el error no superaba los tres o cuatro metros.

Esta muy probable correspondencia del muro estudiado con el que habría sido frontal sureste de la famosa torre sí justificaría todas las peculiaridades antes descritas. Constructivamente, la fábrica no es muy distinta a la de los otros restos de muralla cristiana encontrados, aunque en éstos predomina el pedernal cuando se trata de paramentos exteriores. El espesor de 60 centímetros coincide también con el de las caras vistas de los lienzos de muralla conservados, entre las cuales se vertía un relleno de mampuestos pequeños trabados con abundante argamasa de cal y arena; parece razonable que este mismo tipo de relleno fuera el que macizara el interior de la torre, al menos en su tramo inferior.

Con respecto a la zarpa, no creemos que haya que entenderla como cimiento propiamente dicho sino como zócalo escalonado que prolongaría la superficie de apoyo mejorando así la estabilidad de la torre, que avanzaba sobre la hondonada siguiendo una línea de máxima pendiente. De acuerdo con el perfil hipotético que imaginamos para el terreno en ese punto, la base de la zarpa se encontraría a una cota de 631-632 metros. Dispondría de varios escalonamientos, alcanzando una altura total de dos o tres metros. El muro, finalmente, apoyaría en ella en la cota de 634 metros, cinco por debajo de la rasante actual (algo menos de 639 metros), estimación coincidente con lo hallado en el sondeo.

El arrimo de viviendas al paño exterior de la muralla comenzó en aquel sector noreste del recinto (que descendía por la calle actual de la Escalinata hasta encontrarse con la torre de Alzapierna) a finales del siglo XV, y pocas décadas después, en 1526, todos los solares contiguos al muro habían sido cedidos ya por el concejo; sin duda, el más septentrional de estos solares quedaría adosado no sólo a la muralla, sino también a la pared lateral de la torre, y la edificación que en él se levantó se apoyaría en ambos.

Cuando en 1567 se derribó la torre de Alzapierna para mejorar la comunicación entre el interior de la villa y la zona de los Caños, es de suponer que sólo se desmontaran en su totalidad los frentes noreste y suroeste de la torre; los otros dos servían de apoyo lateral a las viviendas adosadas y hubieron de conservarse, al menos en su parte inferior. De esta forma, la pared sureste del torreón se convertía en muro lateral de la franja de viviendas; el núcleo central de la torre desaparecía, dejando un paso abierto, y a ambos lados de dicha pared sureste la relación interior-exterior se invertía: lo que había sido interior de la torre pasaba a ser espacio exterior transitable, y lo que antes era terreno exterior se convertía ahora en suelo interior del edificio, conservando en este lado la zarpa original.

En la intervención arqueológica de 2007-2011 se dataron mediante termoluminiscencia los restos de la fuente, la alcantarilla y el acueducto, pero desafortunadamente estos análisis no afectaron al muro y habitaciones del Sondeo 1, y tampoco hemos podido saber si se evaluó de alguna otra manera la antigüedad de estos restos. A falta de dicha estimación, lo aquí expuesto ha de entenderse sólo como propuesta, si bien concuerda de forma razonablemente fiel con lo que de aquel paraje ya desaparecido y de su estructura urbana conocemos.

 

Documentación:

- ARTRA, S.L.: Memoria final de intervención arqueológica. Proyecto: “Obras de implantación de nuevos ascensores en la estación de metro de Ópera”. 2011. Incluye como anexo el Informe de los Análisis de Termoluminiscencia, realizado por el Laboratorio de Datacion y Radioquímica de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Autor del artículo

José Manuel Castellanos

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