Madurez, divino tesoro.

Terremoto político surgido de las pasadas elecciones municipales, y que ha tenido en vilo a la ciudad hasta ayer mismo. ¿La razón? Nuestros dirigentes han tenido que aprender a pactar, como ocurre en los países europeos más avanzados, tras años en que había muy pocos ingredientes en la sopa de partidos. Tiempo nuevo. Bastantes de los concejales que inician su mandato se estrenan hoy en las lides edilicias. Entran en escena dos organizaciones nuevas en un mapa político, el de Madrid, que desde la desaparición del Centro Democrático y Social (CDS) era blanco o negro, Coca-Cola o Pepsi-Cola, Alfa u Omega, Airbus o Boeing, Atlético o Real. Cambio de ciclo. Nuevas incertidumbres, nuevas ilusiones, pero un tiempo nuevo, al fin y al cabo. El Ayuntamiento de la Plaza de la Villa no ha sido testi go inicial del cambio (la investidura ha tenido lugar en la trasladada sede de Cibeles) pero sí de otros muchos a lo largo de siglos, y por eso, insistimos, espera que sus piedras recobren protagonismo en est e periodo que se acaba de iniciar.

Cambio de ciclo

Muchos de los madrileños más jóvenes sólo han oido hablar del CDS cuando murió el expresidente Suárez el año pasado. Incluso si se teclea "Suárez" en algunos buscadores de Internet, nos encontramos con más resultados del futbolista que del mandatario. Eso da una idea de lo extremo que era el bipartidismo español, y el madrileño, desde los años 90. (Y de lo pronto que olvidamos los españoles a los personajes de nuestra Historia, por otra parte).

Este duopolio solamente estaba mitigado por una Izquierda Unida muy poderosa en Rivas, San Fernando u otros municipios de la periferia, pero que en Madrid-capital se limitaba a recoger el voto de los descontentos del Partido Socialista, o mejor dicho, de las varias organizaciones que operan bajo la denominación de Partido Socialista. Precisamente otra peculiaridad del ecosistema político madrileño de los últimos años era que el bipartidismo, aun siendo tan marcado "de iure", las más de las veces funcionaba como un sistema de partido único "de facto". Mientras la derecha permanecía unida gracias a la eficiente maquinaria de sumar votos creada por Aznar, en el socialismo las puñaladas internas y vendettas de todo tipo impedían forjar candidaturas sólidas, y cuando algún iluso se aventuraba a crear un equipo con el que reconquistar la capital de España (o la asamblea autonómica) le llovía más munición desde la retaguardia que desde la trinchera contraria. En la derecha también había venganzas y rivalidades, cierto es. Pero no se dejaba que causaran vacíos de poder tan importantes.

Al poder por la constancia: Alberto Ruiz-Gallardón y José María Álvarez del Manzano

Estos dos líderes de l PP eran los referentes de sus votantes en Madrid desde la época en que los socialistas dominaban Madrid por goleada. Perdían elecciones frente a Tierno y frente a Leguina. Pero de esas derrotas sacaron la victoria final de la década de 1990. Si el aparato o cúpula de su partido los hubiese apartado de la carrera electoral, el votante de derechas habría tenido que acostumbrarse a unos candidatos nuevos, y los candidatos nuevos habrían tenido que adquirir muchos conocimientos sobre el funcionamiento del mundillo municipal o regional. Conocimientos que los candidatos que ya había tenían adquiridos. Manzano y Gallardón vencieron por diablos, y por viejos. Cuando sus enemigos de la izquierda se fueron desgastando con el tiempo, ellos estaban preparados para asumir los puestos de mando desde el primer día. "El que resiste, gana", como dijo don Camilo José Cela, que además de escritor y académico fue uno de aquellos 41 "senadores de designación real", particularidad del Senado español durante la vigencia de la Ley para la Reforma Política que sirvió de "puente" entre las Leyes Fundamentales del franquismo y la Constitución de la democracia.

Procesos que han llevado a la situación actual

Si el Partido Popu lar que ahora abandona el Ayuntamiento de Madrid ha tenido un poder tan absoluto desde 1991 (año de la muerte del alcalde centrista Rodríguez-Sahagún) hasta 2 015, no ha sido solamente por méritos propios (que tuvo muchos, sobre todo en los primeros tiempos), sino por incomparecencia cada vez mayor de la izquierda, escasa de "primeros espadas" como habían sido Enrique Tierno o Joaquín Leguina, y por la ausencia de un partido que volviera a regenerar algún tipo de centrismo. Desde aquel oscuro inciden te del "Tamayazo" de 2003, que si se analiza a fondo dice muy poco de la calidad democrática de nuestra nación, y demuestra fallos garrafales tanto en un lado como en otro del bipartidismo, la fractura interna del Partido Socialista fue lenta pero imparable, hasta que fue habiendo dos PSOEs en Madrid: el federal de la calle de Ferraz, que teóric amente es el responsable de la acción a nivel de toda España, y el madrileño, que estaba en un apartado rincón entre naves industriales, y luego se mudó al Palacio de la Prensa.

Lejos de tener un referente constante como tenía el votante de derechas, el sufrido "progre" de Madrid tenía que apoyar a unos candidatos que venían, se presentaban a los comicios, perdían, y -lejos de continuar en la lucha por Madrid- se iban. Madrid les servía de trampolín hacia la polí tica nacional, o hacia una mayor fama en sus ámbitos profesionales, pero dejaban tirado al votante, que volvía a poner sus esperanzas en otra persona o personas que le vendían como la solución definitiva, y vuelta a empezar. Si el candidato gozaba de los parabienes del búnker de Ferraz, contaba con el apoyo añadido del grupo PRISA (entonces uña y carne con el postfelipismo). Si el candidato iba por libre, tenía que luchar en dos guerras a la vez: una contra el bloque monolítico del PP, y otra contra infinidad de comités, camarillas y patios de marujeo de la propia izquierda. El búnker de Génova no tenía nada que temer de esta oposición. Ella sola se devoraba a sí misma.

Y en esto llegó la crisis

Alcaldes del PP ha habido que han dejado cosas muy buenas en Madrid. Una de ellas son, por ejemplo, los microbuses de las líneas Sevilla-Argüelles y Sevilla-Embajadores, que pueden girar por las esquinas de las callejuelas del centro, imposibles para un autobús de tamaño normal. A estos microbuses les pasa como a la "Ley de Dependencia" que desde la otra trinchera diseñó Zapatero: son el reconocimiento de que vivimos en un país donde la gente cada vez vive más años. Eso trae cosas buenas y es un signo de civilización, pero también implica nuevos retos, y tomar medidas para atender a las personas mayores: hay que ponerles medios de transporte que lleguen a donde no llegan los autobuses normales. No vale el modelo de "coche para todo" (que en tiempos aplaudían en casi todo el PP) ni el de "bicicleta para todo" (fomentado por IU y algunos partidos que han surgido a partir de ella). En el haber de los años del PP hay que anotar que se cambiaron los propios autobuses normales a modelos de piso bajo accesibles a viajeros con problemas de movilidad, y que buena parte de las estaciones del Metro fueron dotadas de ascensores. La Empresa Municipal de Transportes que hoy hereda Manuela Carmena tendrá que seguir avanzando por ese camino.

Sin embargo, el gran error del PP en Madrid (independientemente de las tramas de corrupción que se van conociendo) fue el mismo del PSOE en buena parte de España: la confianza ciega en el modelo económico de turismo-ladrillo-turismo-ladrillo. Hasta hace 20 o 30 años era corriente encontrar televisores, motocicletas, planchas, lavadoras y otros electrodomésticos con la etiqueta "Made in Spain", pero eso hoy es casi imposible. La industria del país (y de la capital) ha quedado desmantelada en su mayor parte. Las primeras prolongaciones del Metro de la era Gallardón estaban plenamente justificadas, pero a partir de la década del 2000 se construyeron túneles a diestro y siniestro para poner Metro en zonas donde habría bastado con líneas de tranvía, metro ligero o carriles exclusivos para autobuses de gran capacidad. Así, la derecha mayormente por acción, y la izquierda mayormente por omisión, fueron poniendo más metros de camino hacia el hundimiento final, que ha estado a punto de derrumbar todos los logros conseguidos por la Constitución de 1978.

Súmense crisis norteamericana de las "hipotecas basura", desindustrialización española, exilio de ingenieros, médicos y científicos, enfrentamiento geopolítico Alemania-Europa del Sur, tramas de corrupción, populismos surgidos a raíz de las crisis, grandes espectáculos deportivos para distraer la atención, bajada de la calidad de la enseñanza, bajada de la calidad del propio debate político (De "La Clave" a "La Sexta Noche"... ¿reir o llorar?) y tenemos el caos que hemos vivido entre 2008 y 2015, que pasará a la historia de España como una era igual de disparatada que la de 1868-1875, aquella en la que coexistieron un rey oficial, varios aspirantes a rey, tres presidentes de la República, independentismos que reivindicaban microestados absurdos...

Primera tarea para los partidos emergentes: Que la Casa de la Villa vuelva a ser la sede del Consistorio a todos los efectos.

La llegada al poder de Manuela Carmena, como la de Enrique Tierno en 1979, viene a ser la demostración de que el culto desproporcionado a la juventud y a lo joven, aunque teóricamente queda muy "de izquierdas" y muy "cool", es un error, y muchas veces, lejos de promocionar los verdaderos valores de la juventud (deseo de innovación) se queda en una mera pose estética. Para puestos de alta responsabilidad, como es un Ministerio o como es la Alcaldía de Madrid (ciudad que mueve más poder y más responsabilidades por si sola que muchos ministerios del Estado) no valen niñatos, aunque sea políticamente incorrecto afirmarlo. Gran parte de las chapuzas del zapaterismo vinieron de esa efebocracia políticamente correcta, que cuando tuvo que encarar una grave galerna nacional e internacional, como era la serie de crisis económicas en cadena, quedó como un barco sin timón, sin timonel, sin radar y sin radio. Cuando los partidos-que-vienen-a-poner-todo-patas-arriba empiezan a tener que tomar decisiones en el mundo real, no en un foro de Internet ni en una tertulia televisiva, tienen que llamar a personas con mucha "mili" a sus espaldas.

Tampoco valen, para la Alcaldía de Madrid, portadores-de-verdades-absolutas. Tierno coqueteó con el anarquismo de joven, luego se metió en el PSOE llopista, se salió, fundó el PSP, y junto con otros partidos juró lealtad ciega al PSOE felipista. Carmena también viene con un bagaje de varias siglas, partidarias o no, y no ha jurado lealtad ciega al nuevo Pablo Iglesias, sino colaboración. Eso era bueno en 1979 y lo es en 2015. El haber pasado por muchos sitios, factor muy relacionado con la madurez, no evitará todos los errores nuevos, pero sí evitará no volver a cometer los del pasado.

Tenemos ahora, en las revueltas aguas de esta naumaquia del estanque del Retiro, al menos tres flotas de submarinos emergentes que han salido a la superficie:

-Las dos "grandes": Podemos y Ciudadanos. Podemos ha hundido la fragata de IU y ha colado torpedos en puntos vitales a los portaaviones de las tribus ortodoxas del PSOE. Ciudadanos ha hundido la fragata de UPyD y se le ha enrolado parte de la marinería del PP, y algunos bucaneros disidentes de casi todo el espectro político, desde centristas a liberales y socialdemócratas. Si son listos y no hacen tonterías, los del partido naranja de Albert Rivera pueden llegar a ser el nuevo CDS. De momento ya están haciendo de guardia costera para que los partidos históricos del 78 se limpien de corruptos.

-Las candidaturas municipalistas, como Ahora Madrid que ha puesto en el poder a Manuela Carmena (con la ayuda de los dragaminas heterodoxos del PSOE del Palacio de la Prensa). A simple vista parecen meras "marcas-B" de Podemos, o meros gritos de protesta derivados de la crisis como fue el 15-M o como es Podemos, pero en ellas se integra gran parte de la izquierda histórica. Carmena viene del PCE y de asociaciones de juristas. Otros vienen de la escombrera de IU. Si son listos y no hacen tonterías, pueden flotar y navegar muchos años y sobrevivir al propio Podemos.

(En la Albufera de Valencia navega una cuarta flota, Compromís, que mezcla elementos de las otras tres con elementos localistas puramente de esta región)

Ya tenemos nuevo equipo de gobierno municipal. No viene a hacer una lucha de clases, sino de valores. Va a tener enfrente dos enemigos. A corto plazo, los intransigentes de siempre que ven "soviets" y "etarras" en donde no ven Audis de lunas tintadas. A largo plazo, los últimos coletazos del movimiento hippy y los últimos coletazos del movimiento punk, que ahora les apoyan pero que les llamarán "aburguesados" y "vendidos" en cuanto no vean suficiente dosis de porros y casas de okupas. Un consejo a los nuevos ediles: no alimenten a los trolls y pasen de las provocaciones que les harán unos y otros. Y hagan cosas útiles, como devolver el protagonismo a la Casa de la Villa. Por ella han pasado alcaldes monárquicos y republicanos, de izquierdas y de derechas, aristócratas, proletarios y burgueses. Y por ella deben seguir pasando los que habrán de venir. El edificio de Correos de la Cibeles, destínese a algún departamento o concejalía relacionada con las Nuevas Tecnologías (que recuerde la función original del edificio), pero el Consistorio, a su sitio de verdad. Madurez, divino tesoro, para las personas y para los edificios.

Saludos, doña Manuela, de un inconformista que fue niño en el Madrid de Tierno Galván, y que después de muchos años ha encontrado la tranquilidad. No nos falle, como nos fallaron tantos otros.

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Autor del artículo

Juan Pedro Esteve García

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