Un episodio de la Guerra de Independencia: El Hambre en Madrid (1811 - 1812)

Introducción

En el Museo Municipal de Madrid se encuentra en depósito un cuadro fechado en 1818, obra del alicantino José Aparicio, que fue pintor de Cámara de Fernando VII. El lienzo, propiedad del Museo del Prado y de 315 x 437 cm., nos muestra en primer plano a un grupo de famélicos personajes, desarrapados, alimentándose unos de sobras o despojos y otros desfallecidos o ya muertos; un hombre rechaza el pan que unos soldados franceses les ofrecen y al fondo, en segundo plano, un majo es retenido por su mujer de su intento de atacar a los militares.

El título del óleo es «El hambre en Madrid» y hace referencia a la terrible hambruna que sufrió la capital entre 1811 y 1812 y que costó la vida de no menos de 25.000 personas de una población que por aquel entonces rondaba los 175.000 habitantes.

Causas

El origen de tan tremenda calamidad cabe situarlo en las malas cosechas que se habían dado unos años antes, entre 1803 y 1806, carestía que se vería agravada de manera drástica con el inicio de la guerra en 1808. El conflicto, que se extendería durante seis años, motivó que muchos cultivos fueran arrasados o que se abandonaran por falta de mano de obra. Esto causó una espectacular subida de precios de los alimentos, que motivó a su vez una hambruna generalizada por toda España que afectó tanto a franceses como a españoles, si bien la población civil fue la más perjudicada. Como apunta D. Emilio de Diego el hambre será “la gran catástrofe de la guerra de 1808 a 1814”, y dentro de este periodo hay que destacar el año de 1812 como el peor, un año de hambre extrema en todo el país. Nicolás Marcel, militar francés que había participado en la campaña de Alemania de 1807 y en la de España desde finales de 1808, narra en sus memorias cómo había visto “[…] a gente acomodada disputar a los perros pedazos de caballos o de mulos muertos hacía seis días […] un niño que acababa de morir de inanición fue comido por sus pequeños compañeros, que devoraban delante nuestro sus miembros descarnados […]”

Esta situación de escasez y hambruna fue especialmente grave para Madrid, ciudad dependiente para su subsistencia del abastecimiento por parte de otras ciudades; sirva como ejemplo que de las 782.874 fanegas de trigo que se consumieron en 1789 en la capital tan sólo 9.235 se habían cosechado en tierras de la Villa. Por otra parte, las pocas remesas que llegaban a la capital solían ser requisadas por las tropas francesas de ocupación o interceptadas por los guerrilleros, cuyas actividades dificultaban las líneas de abastecimiento y comunicación. Todo ello motivó que apenas entraran alimentos en la capital y que los pocos que lo hacían alcanzaran precios exorbitantes. Así, la fanega de trigo que costaba alrededor de 60 reales a comienzos de 1811 vio cómo su precio se disparaba hasta multiplicarse por nueve en la primavera de 1812, cuando alcanzó los 540 reales; teniendo en cuenta que de una fanega se obtenían unos cuarenta panes de dos libras – que era el peso usual de venta por entonces - resulta que la pieza de pan, el alimento fundamental y a veces casi único para gran parte de la población madrileña, salía por unos 12-13 reales, que era más de los que muchos madrileños recibían como jornal en un día.

La falta de víveres provocó además motines y revueltas y fueron varios los almacenes, tahonas y puestos de mercado asaltados y saqueados.

1811-1812

El periodo crítico se inició en septiembre de 1811, alcanzando su punto álgido en el verano de 1812. Aquellos que podían huían de Madrid, una ciudad que ofrecía un aspecto dantesco. La gente moría a centenares, muchos de ellos implorando caridad por las calles, de donde eran recogidos sus cadáveres dos veces al día por los carros de las parroquias. Estas atroces circunstancias originaron pronto la aparición de enfermedades, tales como el tifus o la disentería, que se agravarían con la llegada del calor causando estragos entre la desdichada población. Consultando los libros parroquiales de defunciones de estas fechas es común encontrar junto a la “falta de alimento” o “pobreza y necesidad”, las “calenturas pútridas”> o “tabardillos”> como causas de fallecimiento.

Medidas

Una de las disposiciones emprendidas por las autoridades municipales para intentar paliar la situación fue permitir la distribución entre la población del pan de munición que se venía suministrando a los reclusos desde noviembre de 1811. Este pan estaba compuesto de una pequeña cantidad de trigo a la que se añadía maíz, cebada, centeno y almortas. La almorta también se consumía en unos bocadillos de cebolla que vendían los barquilleros, o en gachas.

Hay que resaltar que además de la malnutrición causada por una dieta tan pobre, la almorta contiene neurotoxinas, por lo que la continua ingesta de esta gramínea puede provocar una enfermedad que se conoce como latirismo. En realidad hay dos tipos de latirismo: el osteolatirismo –que ataca a los huesos y al tejido conectivo– y el neurolatirismo -que ataca al sistema nervioso central, causando parálisis crónica en las piernas, impotencia, dificultades para retener la orina e incluso retrasando el crecimiento en los niños-. Este mal se conocía ya desde los tiempos de Hipócrates.

Las juntas de beneficencia y las diputaciones de los barrios repartían limosnas entre las familias más necesitadas, lo que sólo solucionaba puntualmente el problema. Cuando el padre de Mesonero Romanos, perteneciente a la diputación de su barrio en virtud a su situación social, regresó una mañana a una buhardilla que había visitado el día anterior para llevar alguna ayuda, de los ocho miembros que componían la familia que allí vivía tan sólo quedaba con vida uno de ellos.

José I, por su parte, visitó las zonas más pobres de la capital distribuyendo limosnas y destinó la mitad de sus ingresos, empeñando incluso en París algunos de sus bienes, para conseguir dinero con el que comprar trigo. Mandó elaborar pan en las cocinas de Palacio que luego sus soldados y criados distribuían entre el pueblo, pero eran muchos los que -como describe el cuadro de José Aparicio- lo rechazaban por venir de manos del enemigo.

¡ Viva el pan a peseta !

Sería un acontecimiento acaecido en tierras salmantinas el que marcaría el fin de tan calamitosas circunstancias: en los Arapiles, el 22 de julio de 1812, el ejército anglo-hispano-portugués dirigido por Wellington derrotaba a las tropas del mariscal Marmont, lo que le dejaba expedito el camino de la capital. Las líneas de comunicación volvieron a abrirse, facilitando la llegada de víveres y motivando la bajada de precios.

Ante la amenaza del ejército de Wellington avanzando hacia Madrid, la noche del 10 de agosto los franceses abandonaban la capital. Para avanzar lo más rápido posible dejaban en Madrid a varios centenares de heridos y enfermos recluidos en el hospital de El Prado, custodiados por el general Lafon Blaniac, que al frente de una guarnición de dos mil quinientos hombres y alrededor de doscientas piezas de artillería se había acuartelado en el Retiro. Para ello los ingenieros franceses habían levantado barricadas y convertido la Real Fábrica de Porcelana del Retiro en una fortaleza.

El día 12 las partidas de El Empecinado y El Médico entraban en la ciudad y poco después, por la Puerta de San Vicente, lo hacía Wellington al frente de sus tropas, saludadas por el repique de todas las campanas de la ciudad y aclamadas entre vítores y algún que otro grito de “¡Viva el pan a peseta ¡”

Atacada la guarnición francesa de El Retiro la tarde del 13 se rendiría a la mañana siguiente.

Pero si bien la momentánea liberación de Madrid -volvería a manos francesas a finales de 1812- contribuyó a mejorar la situación de la capital, los niveles de población no empezarían a recuperarse hasta 1814.

Mesonero Romanos siempre conservó en su escritorio un mendrugo de pan duro, en recuerdo de aquellos trágicos acontecimientos que le tocaron vivir siendo niño.

Bibliografía

  • El año del hambre en Madrid. Manuel Espada Burgos.
  • La alimentación de Madrid en el XVIII y otros estudios madrileños. Vicente Palacio.
  • Memorias de un setentón. Ramón de Mesonero Romanos.
  • La población de la Villa de Madrid. María F. Carbajo.
  • Madrid en la mano o El amigo del forastero en Madrid y sus cercanías.
  • Campagnes du Capitaine Marcel du 69e de ligne en Espagne et en Portugal 1808 - 1814.
  • Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. José María Queipo de Llano, conde de Toreno.
  • España, el infierno de Napoleón. Emilio de Diego.
  • Wellington en Madrid. Miguel Martín Mas. Revista Madrid Histórico nº5.
  • Bioquímica de los alimentos. Miguel Calvo.

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Autor del artículo

Pablo Jesús Aguilera Concepción

Comentarios

Pablo Jesús Aguilera(hace 6 años)

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mikeross(hace 6 años)

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