José Antonio de Armona, el corregidor del rey alcalde

El 17 de octubre de 1759, El Rey Carlos VII de Nápoles desembarcaba en Barcelona, tras haber heredado pocos meses antes la corona real de España. Poco después hacía su entrada en la Villa y Corte de Madrid, siendo proclamado como nuevo Rey de España: comenzaba el reinado de Carlos III, el llamado “Rey Alcalde”, el monarca que iba a cambiar Madrid.

Al Rey no le gustaba lo que estaba viendo: calles oscuras, sucias y malolientes, casas pobres e indigencia por todos los rincones. Disgustado por la imagen de la capital de su reino, se propuso embellecerlo y ponerlo a la altura de otras capitales europeas. Para ello contó con sus viejos colaboradores de Nápoles, entre ellos el arquitecto Francesco Sabatini. Pero en lo que a Madrid, como villa, se refería, la competencia correspondía al Corregidor. Cuatro fueron los alcaldes que tuvo Madrid en aquellos años de renovación, siendo José Antonio de Armona y Murga el más importante de todos ellos.

Nacido en Respaldiza (Álava) el 26 de abril de 1726, Armona ocupó distintos cargos, tanto en España, pasando posteriormente a La Habana, donde se haría cargo de la Dirección General de Rentas. En 1776, regresa a España, siendo distinguido con la Cruz de Caballero de la Orden de Carlos III.

En el año 1777, fallece Andrés Gómez de la Vega, Corregidor de la Villa de Madrid, y pronto sonó el nombre de Armona para ocupar la vacante. Cuestionado por algunos, a causa de su afinidad con el Marqués de Grimaldi, fue el propio Carlos III quien le confirma el cargo con la frase “ese, que no lo pretende, quiero que sea el Corregidor de Madrid”[1].

Tras jurar el cargo, el 12 de enero de 1777, Armona se estableció en una posada de la calle de Fuencarral, poniéndose al frente del consistorio madrileño a finales del mismo mes, con los demás cargos que este conllevaba: Intendente de los Reales Ejércitos y de la Provincia de Madrid, Superintendente General de la Guardia de Sisas de Madrid, Intendente de la Regalía de Aposento y Juez Protector del Teatro, espectáculo del que era un apasionado.

Uno de sus primeros decretos fue el control de la mendicidad, dictando que todos los limosneros foráneos de Madrid debían regresar a sus lugares de origen y forzando a los demás a ingresar en hospicios y hospitales, en caso de enfermos o inválidos, y el ingreso en el ejército, para los más sanos. Este hecho que le enfrentó con el clero, defensor a ultranza de la limosna como medio de caridad, lo organizó con la creación de los alcaldes de barrio, un antecedente de los modernos concejales, y la organización de la llamada Junta de Caridad.

Durante los años en que fue Corregidor, José Antonio de Armona se encargó y financió, con cargo al consistorio, la ordenación final del Salón del Prado, la construcción de las monumentales fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno, así como el fin de las obras y la inauguración de la Puerta de Alcalá, costeada esta última mediante la Guardia de Sisas. El resultado de aquellas obras fue una deuda de 21 millones de reales, nada menos, y que Armona tuvo que hacer frente como buenamente pudo.

Sin embargo, la labor de Armona no quedó ahí. También se ocupó de otros aspectos, menos visibles pero más importantes, como fue el mantener y hacer cumplir las mejoras que ya venían dándose, desde la década anterior: el naciente alumbrado público, el empedrado de las calles y la prohibición tajante de arrojar basuras y residuos corporales a través de las ventanas después de construirse una primitiva red de alcantarillado, que terminó definitivamente con aquella “tradición” del “¡Agua va!”. Otro de sus intereses fue combatir el hambre del pueblo, sobre todo en una época de malas cosechas que provocaron una alarmante escasez de pan, lo que le enfrentó con el gremio de panaderos y con terratenientes castellanos.

Tremendamente popular, fue habitual la presencia de Armona en el palco presidencial de la vieja plaza de toros madrileña, tarea de la que solía encargarse el Corregidor, que se alzaba a pocos pasos de la puerta de Alcalá, frente al Retiro, siendo aplaudido y ovacionado cada vez que entraba al balcón.

Como Juez Protector del Teatro, Madrid también debe mucho a Armona. Decidido defensor de los derechos de los actores, profesión entonces denostada y despreciada, creó distintas compañías y organizó el interior de los teatros, tanto camerinos como espacio público. Entre otros, Armona mejoró los teatros del Príncipe (el actual Teatro Español) y de la Cruz [2] y ordenó rehabilitar el Coliseo de los Caños del Peral, antecesor del actual Teatro Real. Pero también tuvo que hacer frente a intrusismos de otros regidores, que creían que también era competencia suya la gestión de los teatros. Por otra parte, sostuvo una enconada lucha por mantener los bailes en las representaciones, estando algunos prohibidos y otros regulados, dando permiso a que se bailasen seguidillas, en 1780. Esto le creó diversos enfrentamientos que terminaron minando su salud.

Tras superar una enfermedad, que casi acaba con su vida, en 1786, Armona presentó varias veces su dimisión, siendo sistemáticamente rechazada por el Conde de Floridablanca y por el mismo monarca, quien le respondió con otra de sus célebres frases, no exenta de cariño: “Mira, más viejo estoy yo que tú, y voy trabajando. Dios nos ha de ayudar. Tú ya estás mejor, cuida de Madrid; y hasta ahora nadie se queja de ti". Apenas dos años más tarde, el 14 de diciembre de 1788, fallecía Carlos III, dejando la corona a su hijo, Carlos IV, quien pronto demostró que tanto Madrid como el reino en general, le eran demasiado grandes.

Una vez organizada la proclamación del nuevo Rey, tarea que entraba dentro de sus obligaciones como Corregidor, Armona fue ratificado, lo que le permitió vivir dos de los hechos más trágicos de aquella época en Madrid: Por un lado, en la noche del 16 de agosto de 1790, un incendio arrasaba gran parte de la Plaza Mayor, llevándose por delante la inmediata iglesia de San Miguel de los Octoes, una de las más antiguas de la villa, que tuvo que ser derribada por los daños que el fuego le había ocasionado. Al año siguiente, fue la Cárcel de la Corte la que ardía, quedando destruidas la cubierta y una de sus torres Su ya delicada salud acabó de verse afectada, falleciendo repentinamente el 23 de mayo de 1792, a los 66 años de edad.

Persona amante de las letras, Armona dejó varias obras, entre ellas una historia del teatro que tituló “Memorias cronológicas sobre el origen de la representación de comedias de España. Año de 1785”. También recopiló una relación de los Corregidores de Madrid desde 1219 hasta su época, posteriormente corregida y ampliada por Ramón de Mesonero Romanos, y un libro autobiográfico titulado “Noticias privadas de mi casa, útiles para mis hijos”, escrito en 1787.

Madrid quiso honrar su memoria dando su nombre a una calle, abierta entre la Ronda de Valencia y el paseo de Santa María de la Cabeza.

Madrid, 3 de diciembre de 2009

Bibliografía:

  • ABBAD, Fabrice y Ozanam. "Les intendants espagnols du XVIIIe siècle". Casa de Velázquez. Madrid, 1992.
  • CAMBRONERO, Carlos. Cosas de Antaño. El incendio de la plaza Mayor de 1790. Diario “El Heraldo de Madrid”, nº. 3201. Miércoles, 16 de agosto de 1899.
  • HERNANDEZ, Mauro. A la sombra de la Corona: poder local y oligarquía urbana, Madrid, 1606-1808. Siglo XXI de España Editores. Madrid, 1995
  • LERALTA, Javier. Apodos reales: historia y leyenda de los motes regios. Sílex Ediciones. Madrid, 2008.
  • SUAREZ GUILLÉN, Antonio. La Real Casa de la Panadería, hoy Archivo Municipal. Datos, relaciones e historias sacados de sus documentos. Diario “El Heraldo de Madrid”, nº 33095. Miércoles, 18 de enero de 1928.
  • TAMAYO, Victorino. "El Rosario de los Cómicos (Estampa del siglo XVIII)". Diario ABC. Nº 2090, Año 41. Domingo, 14 de junio de 1931.
  • VV. AA. “Crónica de Madrid”. Plaza & Janés Editores. Barcelona, 1990.
  • VV.AA. Paisajes sonoros en el Madrid del S. XVIII. La Tonadilla Escénica. Museo de San Isidro. Madrid, 2003.

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Autor del artículo

Mario Sánchez Cachero

Comentarios

Adolfo(hace 6 años)

Muchas gracias Mario, yo también me apellido Sánchez y por duplicado. La observación de poner por nombre, en lugar de José Antonio, Corregidor me parece estupenda pero seguiría el problema porque para gente no muy versada en terminologías la palabra corregidor dice muy poco, yo creo que el ideal sería una pequeña plaquita con leyenda en calles con nombres de personas, muchos no lo leerían pero al menos ahí estaría. Hay nombres como Murcia o Tarragona, etc, dentro de Arganzuela que no necesitan de explicación.
En cuanto a lo de mi calle, quizás me expresé mal. Yo si le conozco, incluso tengo un libro de él, me referería es que a más de un vecino he preguntado y resultado negativo.
Un saludo.

Mario Sánchez(hace 6 años)

Armona es un personaje muy interesante y bastante desconocido. Es cierto que Madrid tampoco ayuda a conocar a aquellos a quienes están dedicadas sus calles. En este caso, con poner "Calle del Corregidor Armona", por ejemplo, ayudaría a saber mas de él.
En cuanto a su pregunta, Eugenio Sellés fue un periodista, escritor y político granadino de finales del siglo XIX y principios del XX, que llegó a ser director de la sección literaria del Ateneo de Madrid.

Adolfo(hace 6 años)

Habiendo nacido y siendo residente del distrito Arganzuela me parece extraordinario el compendio de datos de D. José Antonio Armona. Estoy por asegurar que el 99% de los arganzueleros ignoramos todo lo de este Corregidor, incluso los que vivan en esa calle por donde he pasado bastantes veces pero, por entonces, no tenía curiosidad por el origen de los nombres de las calles como lo tengo desde hace unos años. Yo mismo vivo en Eugenio Sellés ¿quién lo conoce?

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