El Rock nació en Madrid a finales de los 50

Sin duda, bajo una fuerte influencia norteamericana e inglesa.

Al comenzar el siglo XX y en concreto en los Estados Unidos, se transformaban rápidamente muchas estructuras, animándose todo el mundo a encontrar innovaciones sobre cualquier actividad y especialmente en las relacionadas con algún entorno artístico.

Y ello coincidía con los finales una impuesta esclavitud hacia sus habitantes de raza negra, los cuales aún retenían hondos sentimientos, unas veces de nostalgia recordando sus orígenes, otras de rebeldías y hasta otras veces, de alegrías que ellos mismos plasmaban con cánticos y ritmos con ascendencia generalmente africana y que sin duda, durante las tres primeras décadas del pasado siglo, ello contribuyó a que allí se crearan unos nuevos estilos musicales como los que algunos les denominaban blues, o también, otras formas de improvisaciones que otros calificaron como de “jazz”, en diversos estilos que continuamente fueron evolucionando y acoplados para interpretarse con diferentes instrumentos musicales. Incluso crearon muchos de esos nuevos instrumentos, como al que llamaban “batería” y que resultaba ser una agrupación de diversos utensilios para realizar percusiones.

En la década de los 40, las diversas agrupaciones de músicos acabaron formando grandes orquestas que tenían mucho éxito en los salones mas concurridos. Eran las llamadas “Big Band” (como las que dirigiera Duke Ellington) que convivían al tiempo con otras agrupaciones de músicos mas reducidas pero también con gran éxito (como la de Glen Miller), pero teniendo como denominador común una especial atención sobre los instrumentos musicales de metal (trompetas, saxos, trombones, etc.) quizá porque estos producían mas volumen acústico y así destacaban con mayor alegría.

Aún, la amplificación de los instrumentos musicales en los conciertos era muy escasa, quizá tan solo se usaba un micrófono sobre el que cantaba el “singer” (voz del solista) y por ello, algunos otros instrumentos como las guitarras, estaban en clara desventaja en cuanto a “su fuerza” o volumen acústico, con respecto por ejemplo a los de metal o a la batería.

Fue entonces un guitarrista llamado Adolf Rickenbaker a quien ya en 1932 (en que lo patentó) se le ocurrió adosar una pastilla de fabricación propia y que consistía en un trozo de hierro dulce, rodeado por un bobinado de cobre, situándola dentro del hueco de su guitarra. Recogía así una mínima corriente eléctrica que luego amplificaba en uno de los primitivos aparatos de radio de onda media que ya por entonces la gente empezaba a comprar como novedad para sus casas. El resultado fue que en efecto, con ello ganaba más volumen su guitarra y que ya era equiparable al producido por esos otros instrumentos de metal, pudiendo de ese modo también convertirse su guitarra en el instrumento “solista” de la orquesta...

¡Había nacido la Guitarra Eléctrica!

A partir de esa idea, se realizaron mejoras sobre esos primitivos modelos, apareciendo fábricas ya en los años 30, como las de Rickenbaker o la de Gibson.

Ya durante los años 40, un lutier que estuvo trabajando y aprendiendo ese nuevo oficio entre esas fábricas, puso un pequeño negocio, abriendo su propia tiendecita, donde arreglaba los fallos que él encontraba en esos modelos ya comercializados e incluso “mejoraba defectos” que él apreciaba en ellas tales como sus “acoples” cuando se las amplificaba en exceso.

Incluso creó su propio modelo con cuerpo de madera en estado sólido y sin huecos (como hasta entonces era lo tradicional) incorporándole además pastillas fonocaptoras de su propio diseño. Y consiguió entusiasmar a muchos músicos con estos nuevos modelos con los que con su sonido ya podían incluso sobresalir entre otros instrumentos, ganando personalidad y otra forma de realizar agrupaciones orquestales. Los dirigentes de la fábrica Gibson le consideraban entonces como un “pequeño genio chalado” porque no le confiaban un gran éxito cuando “se atrevía” a realizar guitarras “macizas” y sin caja de resonancia...

Pero este genial lutier, se llamó LEO FENDER que ante tanta demanda, creó su propia fábrica en EEUU y luego por el resto del mundo, con tan enorme éxito en sus modelos fabricados que aún en la actualidad sigue siendo una de las marcas mas vendidas del planeta...

Ya en los años 50, cuando tales modelos se iban perfeccionando, les entusiasmó también a un grupo de aficionados en Londres (Inglaterra) que con ellas crearon nuevos temas musicales y una nueva forma de interpretarlos, consiguiendo un enorme éxito también fuera de sus fronteras. Ese conjunto se denominó THE SHADOWS y aunque algunos de sus primitivos componentes ya fallecieron, aún realizan exitosos conciertos por todo el mundo a través de la dirección de uno de sus fundadores, el guitarrista Hank Marvin que por supuesto sigue usando sus identificativas guitarras FENDER. Pero al mismo tiempo y durante los años 50 muchísimos músicos norteamericanos alcanzaron un enorme éxito, portando entre sus manos las nuevas guitarras eléctricas, como por ejemplo, el genial ELVIS PRESLEY.

En los años 50, Madrid ya se preparó con este nuevo invento.

En esa década, España que ya iba saliendo de su post-guerra, racionaba sus importaciones desde el extranjero, de modo que era casi un imposible conseguir licencias para permitir traer esas guitarras desde EEUU. Ni siquiera las tiendas del ramo las podían conseguir para sus escaparates que si ofrecían ya a finales de esa década las de una marca llamada KUSTOM, con cierto parecido a las originales norteamericanas. Algunos jóvenes de entonces se sentían muy atraídos por ellas pero sus precios no estaban al alcance de la mayoría.

En aquellos años, la música que más sonaba por la radio en España, solía ser la interpretada por músicos en orquestas, con instrumentos tradicionales, muchas veces acompañando a cantantes y artistas mas o menos folclóricos (Antonio Molina, Antoñita Moreno, Marifé de Triana, etc.) o de otro estilo, “Los Cinco Latinos”, que entonces parecían mas innovadores así como la escuchada desde otros cantantes italianos o franceses.

Con mucho esfuerzo económico, unos jovencitos y entusiastas estudiantes de bachillerato que lograban por alguna parte escuchar lo nuevo que se estaba haciendo por los EEUU, se agruparon en Madrid, creando “LOS ESTUDIANTES” en 1957 y muchos opinan que ese grupo fue realmente el primero que en España ofreció sobre escenarios esa nueva música de Rock. Entre sus componentes, cantaba como solista Pepe Barranco, mientras a la batería se encontraba Fernando Arbéx (que luego en los 60 lo fue de LOS BRINCOS)

Al año siguiente, otros estudiantes del Colegio-Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid, también estaban interesados alrededor de ese nuevo movimiento. Ellos eran por ejemplo los dos hermanos Sainz, Ignacio Martín y Pepe Nieto que consiguieron hacerlo teniendo entre sus manos las nuevas guitarras eléctricas. Y junto a otros compañeros más, decidieron formar un grupo musical al que ya en 1959 bautizaron con el nombre de PEKENIKES (agrupación que aún en la actualidad sigue realizando algunas actuaciones en directo sobre escenarios)

Este grupo consiguió introducir en España las primeras guitarras FENDER genuinas “made in USA” y muy en concreto, la primera guitarra-bajo del modelo “Jazz Bass” de esa Compañía.

Y ya a finales de ese año o entrando hacia los 60, PEKENIKES lanzó su primer disco EP grabado por la Compañía Profesional HISPAVOX y que curiosamente entre los cuatro temas que contenía, uno decía: “Chotis Madrid” y que en efecto se trataba ya de una versión “Rock” de esa conocida composición de Agustín Lara.

Ya entrados los años 60, aparecieron en Madrid otras agrupaciones musicales compuestas por también ilusionados jóvenes que se hicieron llamar por ejemplo LOS TELECO (cuyo bajista era José Ramón Pardo), MIKY Y LOS TONYS (y a su frente Miky Carreño), los SONOR, LOS CONTINENTALES, o LOS RELÁMPAGOS quienes también acompañaban a veces a un granadino venido a Madrid y llamado Miguel Ríos.

A medida que avanzaban los sesenta iban también aumentando sus aficionados a la “nueva música”. Al tiempo, también aparecían grupos novedosos fuera de Madrid, por ejemplo en Barcelona, Valencia, Andalucía y Galicia. Poco a poco, por el resto de la Península.

Y existía un casi denominador común entre todos esos jóvenes que sintonizaban por ejemplo la entonces “rara” emisora de Madrid LA VOZ DE MADRID, donde un muy admirado Ángel Álvarez lanzaba desde su programa CARAVANA MUSICAL, éxitos que por entonces existían especialmente en EEUU e Inglaterra y que otras emisoras de ese tiempo no lo radiaban. Ángel traía directamente desde allí esos discos, pues trabajaba como radio-telegrafista en Iberia o también otros pilotos y compañeros le facilitaban las novedades discográficas del momento y que en España eran imposibles de conseguir.

Con aquellas guitarras FENDER, el grupo THE SHADOWS tenía encandilada a la juventud inglesa y del mismo modo, a todos los jóvenes españoles que conseguían escuchar desde España tales éxitos. Casi todos los grupos españoles de la época, interpretaban algunas de sus composiciones e incluso las grababan en “versión españolizada”, como ocurría por ejemplo con los MUSTANG de Barcelona.

Y siguen desarrollándose los 60.

Los jóvenes músicos españoles estaban entusiasmados con esta nueva corriente del rock internacional que iba en aumento. Mientras, más y más con el tiempo, era ya posible encontrar tales instrumentos musicales y de mas categoría profesional en nuestras tiendas.

Hacia el 63, apareció de nuevo en Inglaterra una agrupación a la que denominaron THE BEATLES con un feroz éxito internacional, en especial cuando saltaron en gira hacia los EEUU. Y naturalmente, los músicos españoles encontraron en ellos una nueva vía de imitación, o intento de seguir unos pasos parecidos, pero en una versión mas entendible entre un público español que, en su generalidad, no se entregaba por entonces a tales corrientes musicales. Pero poco a poco a cualquiera que tuviera algún tipo de iniciativa creativa (no solo musical) durante esta una década, casi todo le progresaba y proporcionaba nuevas ilusiones.

A mediados de los 60, comenzó a abrirse por toda España un nuevo tipo de negocio denominado “Discoteca”, donde se concentraban jóvenes de una nueva generación que hacía suyas todas estas nuevas corrientes de música, diferente a la que escuchaban sus padres (en sus casas) lo que generó una importante demanda de grupos, sistemas de escucha, otros negocios paralelos y que acabaron resultando motores importantes de nuevas industrias, como los relacionados con la llamada “moda”.

En cuanto a música, en esa década de los 60 en España destacaban más los grupos instrumentales, lo que empezó a cambiar hacia el 68 en que comenzaron a destacar más los llamados “solistas”, por supuesto siempre acompañados de músicos, estos a veces anónimos.

Pronto, todo desembocó en otra década, los 70, quizá con no tanta personalidad musical como la ocurrida en los 60, pero sin duda, en la que se perfeccionaron aún más los instrumentos y elementos de sonido, con nuevas imágenes y estilos mas refinados pero no tan rompientes.

Ya para los 80, algunos debieron de considerar que “estaban de vuelta” y aunque jóvenes, si quisieron romper los mejores moldes anteriores, vistiendo y peinándose de manera mas extravagante, alzando más las voces y los textos en sus interpretaciones y a los que finalmente alguien y no se sabe con que intenciones, le denominó “la movida”

Pero indudablemente, en las dos décadas anteriores, sus jóvenes, “ya se habían movido bastante”, bailando rock, twist y muchos otros ritmos tan o mas frenéticos que esos.

Puede que se note que yo viví todo eso para contarlo... Hoy yo digo no obstante que soy y con orgullo, un ciudadano del y que vive el 2.010.

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Autor del artículo

Ignacio Martín Sequeros

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