Madrid vertical (Segunda parte)

 

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El desarrollismo económico

Y, dentro de ese contexto, la especulación comienza a tomar forma en forma de edificios de viviendas. Es aquí donde nos encontramos con dos “mastodontes” significativos y característicos de nuestra ciudad construidos en hormigón y acero: el edificio Torres Blancas y la Torre de Valencia.

Icono de la arquitectura de los años 60, las Torres Blancas fueron levantadas por Sáenz de Oíza ente 1961 y 1968. El apelativo de “blancas” resulta engañoso, ya que si bien se pensó en recubrir el edificio con mármol blanco, el altísimo coste de éste hizo desistir del proyecto y hacer que nombre y color no coincidan. En lo que sí se puede coincidir es en que se trata de un edificio novedoso, con una formas extrañas ya que tanto los pisos como las terrazas son redondas pero rompiendo la monotonía según se gana en altura, por lo que las 21 plantas que permiten sus 77 metros de altura despiertan el sentido visual de quien observa el edificio con detenimiento.

A poco de concluirse las Torres Blancas, otro arquitecto español vino a destacar con una de sus obras el skyline de Madrid. Francisco Javier Carvajal levanta, entre 1968 y 1973 uno de los edificios más controvertidos de Madrid: la Torre de Valencia. Su nombre parece que es debido a que fueron levantinos los promotores que compraron el solar sobre el que se edificó la Torre, y si bien algunos arquitectos han llegado a justificar la “joroba” que supuso este edificio sobre la clásica Puerta de Alcalá, la inmensa mayoría de los ciudadanos y profesionales han criticado esta construcción que, parafraseando a Isabel Gea, dejó “jorobadamente mal” la perspectiva. Sus 28 plantas distribuidas a lo alto de sus 96 metros y levantadas sobre el antiguo Parque de Bomberos de O’Donnell, permiten una vista increíble de El Retiro al cual están orientadas la mayoría de sus terrazas. Y claro, cada vivienda tiene su correspondiente antena parabólica, por lo que en 2008 se convocó un concurso internacional de ideas cuya finalidad era poner un “sombrero” al modo de lo que se había hecho con las Torres de Colón; en este caso, resultó ganador un proyecto denominado “Desoxirribosa”, una estructura vertical de 25 metros de altura con apariencia de cadena genérica y que servía de las citadas antenas en vez de ocultaras, si bien finalmente parece que el proyecto quedó en el cajón.

La Castellana, motor financiero y vertical

Sin embargo, el nuevo Madrid de los años de la posguerra requería de un nuevo eje emblemático tal y como lo había sido la Gran Vía a principios de siglo. Y ese eje, ya previsto inicialmente en los años 20, habría de ser la Castellana y que suponía la expansión natural de Madrid en un nuevo sentido sur-norte que se contraponía al eje este-oeste que predominó en los finales del siglo XIX y principios del XX.

La Castellana se vislumbraba como un nuevo escenario de poder. Al igual que primeramente con el antiguo Alcázar de los Austrias, la Puerta del Sol después y posteriormente la Gran Vía, a mediados del siglo XX se hace patente que el nuevo centro de Madrid será la Castellana. En este caso no es un “centro” geográfico ni tampoco histórico, pero sí financiero e, inicialmente al menos, también comercial. Estamos en los años ’70 y el mundo se mueve con las finanzas. Por ello, y, tal como sucedió en las ciudades de los Países Bajos en la Edad Media, esa influencia económica debía tener su fiel reflejo en construcciones emblemáticas que supusieran, a la vez, una constatación de la nueva situación española. Así, en la Castellana se levantarán diversos edificios relacionados con este ambiente: el Bankinter, el edificio Bankunión, el edificio de Seguros La Unión y el Fénix, el Edificio Castelar (de 1983 y construido en la plaza del mismo nombre, y que tiene la particularidad de que parece flotar sobre la base del mismo dado que el soporte y apoyo del edificio es un único núcleo de hormigón situado en la trasera del edificio),…

El nuevo eje se prolongará hasta alcanzar una longitud total de unos 8 km, pero lo cierto es que inicialmente los primeros rascacielos de la zona se levantan en una zona bastante próxima al centro de Madrid, en concreto, en la Plaza de Colón. Las Torres de Colón (también conocidas en su momento como Torres de Jerez o por Torres Rumasa dado que aquí se ubicaban las oficinas principales del famoso holding de Ruiz Mateos) son dos edificios gemelos unidos por su base y que, obra de Antonio Lamela, fueron levantados entre 1971 y 1976 en el lugar que ocupaba el Palacete de Luis de Silva y Fernández de Córdoba. Con 23 plantas distribuidas en sus 88 metros de altura iniciales, tuvieron la originalidad de ser construidas de arriba hacia abajo mediante un núcleo central de hormigón y, mediante vigas superiores cruzadas, ir descolgando la construcción de las plantas mencionadas, algo que parecía hecho contra natura y que supuso, según vox populi, que el propio Franco quisiera ver los inicios de semejante proeza y acudiera en alguna ocasión a contemplar los trabajos. Y es que se trata de uno de los pocos edificios del mundo en tener una estructura suspendida en vez de soportada. Apenas 20 años después de su construcción, en 1992, el mismo arquitecto realizó una superestructura, bautizada por los madrileños como “el enchufe” por la semejanza con tal artilugio y que, iluminado en color verde, es claramente visible desde varios kilómetros a la redonda en la noche madrileña permitiendo además con ellos que las Torres ganen en altura hasta llegar a los 116 metros actuales.

Sin embargo, el auténtico pionero en altura de la Castellana se elevaría algunos años antes (en 1971) y algunos cientos de metros más arriba en la propia Castellana: la nueva sede de la compañía La Unión y el Fénix. Como tal ave, la compañía renacía de sus cenizas con un nuevo edificio emblemático tal y como lo fueron el actual Metrópolis y aquel primer mini-rascacielos situado en la calle Virgen de los Peligros y del que se ha hablado anteriormente. Gutiérrez Soto fue el encargado de diseñar este edificio de apenas 20 plantas pero cuya ubicación es excelente dada la ausencia de altos edificios en sus inmediaciones, lo que permite que su potente torre chapada en mármol italiano de tonalidad oscura, destaque ampliamente. Hoy en día, el edificio ha pasado a nuevas manos, y es la Mutua Madrileña quien lo ocupa.

Pargo, será una zona la que cope los edificios más emblemáticos de esta nueva arteria vital de la ciudad: la zona de AZCA (acrónimo de Asociación Zona Comercial A, aunque su nombre oficial era el rimbombante de “Asociación Mixta de Compensación de la Manzana «A» de la Zona Comercial Avenida del Generalísimo”) y que supone -incluso hoy- el corazón financiero de Madrid. A finales de los años ’50, la zona donde hoy se levanta AZCA era un espléndido solar donde los reclutas de la “mili” hacían instrucción y los pastores llevaban sus ovejas; lógicamente, una finca de este tamaño en pleno eje de la Castellana no podría quedar así y donde antes había un campo yermo, se comenzaron a levantar nuevos edificios y rascacielos.

Y entre éstos cabe destacar la Torre Picasso, un edificio de 157 metros de altura y que fue construido por el mismo arquitecto de las desaparecidas Torres Gemelas de Nueva York, el japonés Minoru Yamasaki, identidad que salta a la vista en cuanto vemos el edificio madrileño que nos recuerda, a una escala menor, a las torres destruidas. La Torre Picasso, al igual que aquellas, adquiere un diseño estilizado. Acabada de construir en 1989, a sus 46 plantas acceden un total de 18 ascensores, contando incluso con un helipuerto en la azotea (personalmente nunca he sabido de un helicóptero que aterrizase en esta mini-pista, por lo que creo que realmente el arquitecto japonés “deslumbró” a autoridades municipales y empresarios que financiaron el proyecto con este elemento tan en boga en los años ’80 en Estados Unidos). El edificio logró desbancar a la Torre Madrid como el edificio habitable más alto de la ciudad y de toda España hasta la construcción de las Cuatro Torres en la zona alta de la Castellana; pese a ello, se trata de uno de los rascacielos más bonitos de la ciudad, símbolo de toda una época y fácilmente identificable por su recubrimiento de color blanco.

Junto a la Torre Picasso, otra construcción vertical imponente es la Torre Europa (no confundir con la Puerta de Europa o Torres Kio), un edificio situado enfrente del antiguo Palacio de Congresos y hoy ocupado por CajaMadrid (Bankia). Primer edificio inteligente de Madrid, fue construido por Miguel Oriol e inaugurados sus 121 metros en 1982, justo a tiempo de servir de imagen de modernidad para la celebración del Mundial de Futbol.

Más abajo –junto al Corte Inglés de Castellana- nos encontramos otro de los edificios emblemáticos de la ciudad: la Torre del BBVA. El arquitecto Sainz de Oiza (el mismo que el de las Torres Blancas) diseñó un rompedor edificio cuyos tonos ocres van oscureciéndose más y más a medida que la acción del sol va oxidando la estructura del edificio, haciendo de él un claro contraste con Torre Picasso. Construido entre 1979 y 1981, sus 30 plantas -distribuidas a lo alto de los 107 metros de altura del edificio- se sustentan sobre dos “troncos” distribuidos a cada lado del “túnel de la risa”, siendo el primer edificio dotado de unos amortiguadores gigantes para evitar que el edificio vibrara al paso de los trenes.

En la zona se alzan otros edificios también más o menos conocidos por su altura pero, sin duda, el más recordado por todos es el malogrado Edificio Windsor, uno de los primeros en ser construido en la zona de AZCA. Aún recuerdo cómo me cautivaba, sin saber porqué, este pequeño rascacielos de 98 metros de altura con su “W” blanca claramente visible en lo alto. Edificio ampliamente reconocido por los madrileños, pasó a la memoria colectiva cuando en 2005 ardió inesperadamente; realmente no se llegaron a aclarar –al menos para el común de los curiosos como yo- cómo fue posible que un incendio detectado a tiempo se propagara con tal rapidez en cuestión de pocas horas haciendo del todo ineficaz la asistencia de los bomberos. Ahora, en su lugar, se dan los últimos retoques al Edificio Titania que, cual Ave Fénix, hace renacer el recuerdo de aquel Windsor emblemático de los ’90, solo que ahora elevándose algunos metros más, hasta los 104 metros de altura.

AZCA se configuró poco a poco, de esta manera, como la gran zona financiera de Madrid, una zona a cuyos pies se hallaban diferentes comercios que, como indicaba más arriba, harían de esta zona un punto de referencia comercial. Sin embargo, la zona no debía estar solo ocupada por edificios de corporaciones financieras o multinacionales, sino que también la Administración pública habría de tener cabida, lo que resultó con el edificio del Ministerio de Industria diseñado por Antonio Perpiñá y levantado junto a la Plaza de Cuzco en 1973. Con los años, el edificio de 23 plantas y 98 metros de altura pasaría a ser sede del Ministerio de Economía, permitiendo de este modo que se alzara, vigilante, sobre todo el conglomerado de empresas situadas en AZCA.

La tecnología, un salto de altura

Hablábamos en la primera parte de este artículo de la importancia que tuvo la telefonía a principios de los años ’20, importancia tal que impulsó la construcción del edificio de Telefónica en la Gran Vía madrileña con la finalidad de dar servicio al cada vez mayor número de usuarios del invento de Graham Bell. Desde aquel momento la telefonía fue pasando de ser una tecnología al servicio de clases acomodadas y de cada vez mayor número de empresas, a un aparato esencial en cualquier hogar.

Algo similar sucedió con la radio y aún más con la televisión años más tarde. Ya a finales de la década de los ’60, los españoles podían ver cómo el hombre llegaba a la luna y las horas de emisión de la aún incipiente RTVE se ampliaban poco a poco. Sin embargo, aún la televisión no era en España un medio de masas. Este momento llegó, sin lugar a dudas, con la celebración en España del Mundial de Futbol. Por vez primera, España organizaba un evento cuyo destinatario era el mundo entero, y los medios empleados debían estar a la altura de la imagen de modernidad.

Es en este contexto cuando surge Torrespaña. Conocida como el “Pirulí”, Torrespaña fue construida en 1982 con ocasión de la celebración de los Mundiales de Futbol (de hecho, fue inaugurada por los Reyes el mismo día en que se iniciaba el Mundial de Futbol, el 7 de junio) y estaba basada en el modelo de la torre de comunicaciones de Berlín. Se trataba de la primera construcción de este tipo en España (habrían de esperarse 10 años para que Calatrava elevara su vanguardista torre de comunicaciones en Barcelona y que en el mismo año se construyera la Torre de Collserola también en la Ciudad Condal) y, por ello, fue emblemática desde el primer momento. Su emplazamiento fue elegido cuidadosamente, dado que debía estar situada en un punto en el que los edificios de altura no interfirieran la señal emitida desde esta nueva torre de comunicaciones. En apenas un año se construyó esta torre de 220 metros de altura y que se convirtió desde entonces en la construcción “habitable” más alta de Madrid hasta que se inauguraron los edificios de las Cuatro Torres en la prolongación de la Castellana.

La tecnología, sí, había entrado en España de la mano de la televisión pública. Sin embargo, en los años siguientes su uso se fue extendiendo no solo a las empresas de telecomunicaciones o a las administraciones relacionadas con la defensa del Estado, sino que las nuevas formas de trabajo, la tecnificación de los procesos y el abaratamiento de la tecnología, permitió que también las administraciones más cercanas al ciudadano las fueran incorporando a sus procedimientos.

Así, en 1992 se inaugura por el Ayuntamiento de Madrid el Faro de Moncloa, una infraestructura que sirve de torre de telecomunicaciones para los servicios municipales y que se eleva 110 metros. Su mirador, descentrado respecto del eje de la torre y situado en la cota de los 92 metros, ofrece un espectacular punto desde el que poder otear la zona oeste de la ciudad y permitirnos descubrir, en la lejanía, otra construcción de altura: el Hospital Militar Gómez Ulla, situado en el distrito de Carabanchel, y que con sus 89 metros ocupa la 15ª posición de los edificios más altos de Madrid; y es que atrás quedaron los tiempos en los que este hospital se configuró, a finales del siglo XIX, como un conjunto ordenado de pabellones horizontales.

Por último, y aunque sea brevemente, hemos de hacer mención a un proyecto de torre de comunicaciones y que fue presentado por Santiago Calatrava allá por 1998. La idea era seguir el modelo de la torre de Toronto –luego seguido por Tokio- y evitar así todas las antenas parabólicas que estaban afeando la ciudad; para ello proponía construir esta torre de unos 500 metros de altura (lo que hubiera supuesto el récord de altura en Madrid) a cuya media altura se encontraría el centro de control de la misma. El proyecto, como todos los de Calatrava, requería varios miles de millones de euros de inversión, por lo que pese al interés despertado en algunas administraciones (años después el por entonces presidente de la Comunidad de Madrid abogó por la construcción de una segunda torre de comunicaciones que complementara a Torrespaña), el proyecto finalmente se archivo en un cajón perdido.

El futuro Madrid

Tal y como se exponía más arriba, el Paseo de la Castellana estaba llamado a seguir expandiéndose hacia el norte. Chamartín quedaba a la vista, ya incorporada a la ciudad, y a finales de la década de los 90 Madrid debía comenzar en la Plaza de Castilla, para lo cual era preciso levantar un hito constructivo.

El proyecto de levantar aquí sendos rascacielos era viejo (Zuazo a principios del siglo XX, posteriormente en los años ’60 el arquitecto Bonet propondría dos edificios de 50 plantas cada uno), pero no fue hasta 1996 cuando se levantaron las torres inclinadas que hoy conocemos y con las que se pretendía crear un icono que fuera puerta de entrada a Madrid como en su momento lo habían sido las de Alcalá, Toledo, Guadalajara o San Vicente.

El proyecto tenía cierta dificultad dado que el subsuelo de la zona estaba plagado de túneles de diversos tipos, lo que hacía que las torres hubieran de estas muy separadas en atención a salvar dicho obstáculo. Finalmente, el norteamericano Estephen Achilles diseñó las actuales torres de 114 metros con una inclinación convergente de 15º lo que justificaba su similitud con un arco o puerta, y motivo por el cual se bautizaron oficialmente como Puerta de Europa (nombre rimbombante y significativo del rumbo europeista del país), aunque fueron ampliamente conocidas por las “Torres Kio” en alusión a la corporación Kuwait Investment Office promotora de la edificación. El perfil de estas Torres se convirtió rápidamente en símbolo del Madrid de finales del siglo XX y se incorporó con rotundidad al skyline madrileño. Merece la pena acercarse al lugar y seguir sorprendiéndose de cómo dos edificios puedan lograr dicha inclinación sin desplomarse, algo conseguido mediante la situación de contrapesos en la base de los edificios que permite que éstos se afiancen en el terreno.

Pero las puertas están hechas para salir o para entrar y, a veces, ambos movimientos pueden ser confundidos con facilidad. Por ello, y aunque Puerta de Europa debía ser el punto de acceso a la capital desde la carretera de Burgos (tal y como en los años ’40 se pretendió que fuera el Arco del Triunfo en la zona de Moncloa respecto del tráfico procedente del noroeste), hoy en día las Torres Kio suponen el acceso desde el centro de Madrid a la nueva zona de negocios representada por las Cuatro Torres.

Y es que las Cuatro Torres Bussines Area (CTBA) suponen la última expresión en Madrid –y en España- de lo que hoy día son los rascacielos, así como el más reciente icono de Madrid, tanto que utilizando sus formas se dio lugar a uno de las propuestas (finalmente desechada) del logotipo de la candidatura madrileña a los JJOO de 2020.

Aunque se trata de cuatro torres diferentes (Torre CajaMadrid –antigua Repsol-, Torre Sacyr, Torre de Cristal y Torre Espacio) se tienden a tratar de forma única al formar un todo en su conjunto. Acabadas de construir entre 2008 y 2009, los edificios más altos de este complejo son la Torre CajaMadrid –diseñada por Norman Foster- y la Torre de Cristal –de César Pelli, autor también de las Torres Petronas, y en la cual se encuentra el jardín vertical más alto de Europa con 30 metros de diversas plantas y árboles-, ambas con 250 metros de altura, el máximo permitido por la correspondiente ordenanza del Ayuntamiento; y altura que hace que haya una diferencia de hasta 10ºC entre la planta más baja y la planta más alta del edificio. Impresionante, ¿verdad?

Y, sin embargo, el protagonismo de mayor altura se lo quito a ambas la Torre Espacio, dado que a sus 236 metros iniciales se le añadieron en 2010 un mástil de 16 metros de alto que soporta una bandera española de 30 metros cuadrados, lo que le ha otorgado el número 1 del skyline madrileño y nacional con un total de 252 metros. Y es que Torre Espacio rompió moldes y no solo por sus escasos 2 metros de diferencia con sus competidas o por haber sido la primera en abrir sus puertas, sino también porque pese a tener una altura habitable menor, dispone de más plantas sobre el suelo, en concreto, 57 (muy lejos de las 46 plantas de la Torre de Cristal pese a tener una altura considerablemente mayor) a las que acceden un total de 27 ascensores cuya velocidad media oscila entre los 2,5 y los 7 metros por segundo. Y no solo eso, sino que también acoge el Sagrario más alto de España, pues en su planta 33 –coincidente con la edad de Cristo al morir crucificado y establecida a 135 metros de altura- se habilitó una capilla que en la noche madrileña es iluminada con un potente neón verde intermitente que en la noche madrileña marca un punto de esperanza y sosiego en el loco mundo que se vive en las oficinas colindantes. Por lo demás, he de reconocer que es el edificio más espectacular de todos pues, aparte de asemejarse a un cohete espacial desde la distancia, tiene la particularidad de que su forma va variando desde la base cuadrada a una ojival en lo alto, lugar en el que se encuentra una piscina climatizada y una pista de pádel para partidos “de altura”.

La última es la Torre Sacyr Vallehermoso, un rascacielos de líneas clásicas y forma redondeada y que, siendo el único diseñado por arquitectos españoles (concretamente, madrileños), también cuenta con un total de 236 metros de altura (inicialmente, 215 metros) en los que, entre otros, se ubica un hotel de cinco estrellas y restaurante panorámico en el que, si uno quiere darse el capricho y puede permitírselo, puede cenar contemplando Madrid a los pies.

Sin embargo, esta diferencia de escasos metros entre unos edificios y otros no se nota desde la distancia; y es que el conjunto se observa con claridad desde varios kilómetros a la redonda, y con independencia del punto cardinal desde el que nos acerquemos. Aún recuerdo cómo, a poco de salir de El Escorial o de Alcalá de Henares, las imponentes figuras se recortan sobre el cielo madrileño como si se trataran de un potente imán que nos atrae a esta maravillosa ciudad.

El complejo del CTBA, sin embargo, no está terminado. Junto a las cuatro torres mencionadas se habría de levantar el nuevo Centro Internacional de Convenciones y Congresos, un espectacular rascacielos de forma circular y 120 metros de altura que lo convertiría en el octavo rascacielos de Madrid por altura. El edificio, diseñado por los arquitectos madrileños Emilio Tuñón y Luis Mansilla, buscaba no quedarse empequeñecido frente a las Cuatro Torres, sobre todo teniendo en cuenta que este tipo de edificios púbicos son, por definición, horizontales. Sin embargo, y pese a ser colocada la primera piedra de este nuevo icono arquitectónico de la ciudad en noviembre de 2008, apenas un año después las obras serían paralizadas por falta de presupuesto. Lástima, porque este nuevo Palacio de Congresos sería, de todos los realizados hasta ahora, el primero en ser construido en vertical después de que se desechara el proyecto de Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid (Museo Vertical) del arquitecto Casto Fernández Shaw que propuso, en 1951, un edificio de forma elipsoidal con 30 plantas y unos 115 metros de altura coronados por una gran antena, y cuya maqueta hoy podemos admirar en el Museo Reina Sofía.

Conclusiones

Como hemos podido ver, el Madrid vertical, pese a estar muy alejado de los modelos norteamericanos y de los más recientes mega-proyectos de rascacielos, no ha dejado de sorprendernos con múltiples ejemplos que con más acierto en unos casos que en otros, y con diferente altura en cada caso, nos muestran que la incorporación de Madrid a la ciudad vertical, aunque tardía, ha sabido adaptarse a los tiempos vividos en cada caso y, sobre todo, a las dimensiones y humanidad de nuestra ciudad.

Una mayor humanización que se vislumbra, por ejemplo, en el hecho de ser una de las capitales con más porcentaje de zonas verdes. E incluso aquí, y para acabar, surge el modelo vertical porque, además del jardín vertical mencionado en la Torre de Cristal, se alza otro jardín vertical junto al Caixaforum, situado en pleno Salón del Prado proyectado por José de Hermosilla en tiempos de Carlos III. Sus vistosos colores y su ubicación en una fachada lateral, llaman la atención de los visitantes que no se esperan un jardín en esta curiosa disposición en una zona tan clásica como ésta.

Y es que, ¿quién dijo que Madrid no es una ciudad vertical?

Fotografías por Alberto Martín Quintana

Fuentes consultadas

  • “Puerta de Europa”. UTE Torres Puerta de Europa, 1995
  • Diario ABC (edición Madrid) de 26 de noviembre de 1926
  • Diario ABC (edición Madrid) de 27 de octubre de 1955
  • Diario ABC (edición Madrid) de 7 de junio de 2012
  • Exposición “Torres y rascacielos. De Babel a Dubai”. Caixaforum Barcelona, 2012
  • Herbert Wright: “Rascacielos. Imponentes edificios que se alzan en el cielo”. Parragon Books Ltd., 2008
  • Ignacio Merino: “Biografía de la Gran Vía”. Ediciones B, 2010.
  • Información de la compañía Abertis en www.abertis.com
  • Isabel Gea Ortigas: “Madrid curioso”. Ediciones La Librería, 2008
  • Isabel Gea Ortigas: “Madrid. Guía Visual de Arquitectura”. Ediciones La Librería, 2009
  • Pedro Navascués Palacio. El Edificio de la Compañía Telefónica de Madrid
  • Periódico Que, de 18 de diciembre de 2008
  • Un coliseo para la Puerta del Sol. Diario El País de 22 de julio de 2006
  • VV.AA.: Madrid no construido. COAM, 1986
  • www.viendomadrid.com

Agradecimientos


El autor de este artículo desea agradecer la colaboración del Caixaforum de Barcelona que autorizó el fotografiado de la maqueta de la Torre de Babel realizada por la ETSAV de la Universitat Politècnica de Catalunya y que se pudo ver en la exposición “Torres y rascacielos. De Babel a Dubai”

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Alberto Martín Quintana

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